Lactancia y muerte

La lactancia puede asemejarse a veces a este ritual de vida y muerte.

Por Clara F. Zapata Tarrés y Ana Karina Salazar Andrade / La Liga de la Leche A.C.

Naranja es el color y el aroma penetra solo aquí para ellos, para nuestros difuntos. Y llega, solamente en este periodo, a convidarlos. Es ella, tan linda, tan dulce, tan olorosa, tan fragante, tan femenina: la flor de cempasúchil (cempohualxochitl, en náhuatl, que quiere decir 20 flores).

Cada otoño de cada año los muertos se convierten en los invitados de honor. Ya están derramadas las flores que con su color anaranjado brillante y su olor tan dulce guiarán a nuestros muertos a encontrar el camino a casa. Son las mariposas monarcas o las alas de los difuntos que traen de regreso, por unas horas, la vida a la luz del calor del fuego que ayuda a calentar esos huesos ya tan fríos. Los muertos vienen a gozar un ratito de la vida y los vivos los recuerdan tan intensamente en esos días que se van tan contentos de regreso al misterioso mundo de la noche, al Mictlán.

El día, la noche; la luz, la oscuridad, el llanto y la fiesta; la dualidad convive en este rito de paso. Dicen que mientras los recuerdes seguirán aquí. Quizás no en carne y hueso pero sí, en el corazón. Por eso les hacemos en estas fechas, su altar y su fiesta, especial para cada uno, con las cosas que les gustan y los elementos que los guían para no perderse. Y ahí están los inciensos intensos y visibles, y ahí está la luz. Llegan despacio.

Y vienen las calaveritas. Esos versos pícaros que alimentan las almas de los vivos y de los muertos y que se convierten en cada frase en un reto a la imaginación. Son poesía e imagen. Describen a un hombre o una mujer retomando con ironía y humor sus defectos o virtudes. Obviamente nos obligan a pensar en ellos, de eso se trata. Además se acompañan de dibujos o grabados detallistas. Es una manera de escribir valiente porque habla de lo que pensamos del otro, al que amamos o a veces no tanto. Y representa un gran esfuerzo decidirse imaginarlas.

La lactancia puede asemejarse a veces a este ritual de vida y muerte. Nace de las sombras que percibimos en nuestra maternidad, se vuelve un caleidoscopio donde a veces morimos para volver llenas de colores con luces de sol.

Y sí, hay que reírnos de nosotras mismas para que este paso por el mundo sea alegre y suave… Por ello, aquí les dejo una calaverita realizada por Ana Karina Salazar Andrade, una de mis queridas compañeras, líder de la Liga de La Leche en Baja California Sur.

A la Liga de la Leche

“Llegó la Muerte asustando
Diciendo muy elocuente
Que se las iba a llevar
A las líderes más nuevas
Directo para enterrar.

Las muchachas espantadas
Casi perdieron la leche
Pues con el susto tan fuerte
Los conductos lo resienten
Y algunas ya con mastitis
Ya ni los mitos desmienten.

Cuando estaban en su junta
Empezando a platicar
Doña Huesos impactada
No paraba de observar
A tanta madre contenta
Que sale de esa reunión
Dando chichi a sus pequeños
Y criándolos con amor.

Las dejo queridas mías
Mejor no las llevaré
Van empezando cada una
Su vida con tanto bien
Ayudando a tanta gente
Dios las bendiga también.”

Bibliografía importante:

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Vive AMAmanta 2017

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