Cuando te enojas pierdes la cabeza

Por Dennis Charles

 

Cuando nosotros tenemos uno de esos “malos” días en los cuáles las cosas no salen como nosotros esperamos y, en que la mala conducta de nuestros hijos pareciera intensificarse; literalmente perdemos la cabeza y tendemos a reaccionar con gritos, llanto, enojo, golpes, peleas, etc.

Imagina que has tenido un día difícil, en el que no dormiste lo suficiente y tuviste muchos problemas en tu trabajo y que además al llegar de la escuela, tus hijos realmente están alborotados y de verdad te están sacando de tus casillas. ¿cómo reaccionarias? Seguramente te encontrarías en un estado contrario a la paz, calma y felicidad y el resultado puede ser desastroso tanto para ti como para tus hijos.

Todas estas sensaciones y acciones resultantes de lo que sentimos, tienen lugar en nuestro cerebro. Dentro de él se encuentra el cerebro medio cuya función es integrar la memoria y las emociones; la parte prefrontal de nuestro cerebro es la encargada de regular todas estas emociones, las relaciones interpersonales, la intuición y la flexibilidad en la respuesta. Cuando nosotros tenemos un “mal” día como el del ejemplo anterior, nuestra corteza prefrontal deja de funcionar, dejando expuesto a nuestro cerebro medio (esto se ha documentado en tomografías); por lo que dejamos de tener la capacidad de regular nuestras emociones y de ser apropiados en nuestras relaciones interpersonales, no podemos responder con flexibilidad y dejamos de darnos cuenta de lo inapropiado que es nuestro comportamiento.

Cuando “perdemos la cabeza” y estamos frente a nuestros hijos y reaccionamos gritando; lo más probable es que ellos adoptarán nuestra misma conducta (esto es gracias a las neuronas espejo) y responderán de la misma manera, gritándonos y retándonos. Pero ¿qué sucedería si tú, al sentir que “pierdes la cabeza” intentas calmarte y tranquilizarte? Tu corteza prefrontal volverá a activarse, por lo que tendrás nuevamente la capacidad de regular tu enojo y der ser apropiado en las relaciones con los demás y; nuevamente gracias a las neuronas espejo, tus hijos también reaccionarán de manera tranquila y calmada dejando aún lado los gritos, el llanto, el enojo y la rebeldía.

Cuando sientas que estás literalmente “perdiendo la cabeza”; tómate un tiempo para respirar, relajarte, cuenta hasta diez o simplemente aléjate de ese lugar. De esta manera, cuando tus hijos tengan también tengan un mal día y hayan perdido la cabeza, si tú te mantienes tranquilo, tus hijos poco a poco también se empezarán a tranquilizar. Esta capacidad de volvernos a integrar para permitir que nuestro cerebro piense de nuevo, es una habilidad indispensable que tanto los adultos y los niños debemos de aprender. Y ya que tenemos neuronas espejo, el hecho de que nosotros los adultos modelemos a nuestros hijos esta capacidad, los ayudará a regular sus emociones.

Ten en cuenta que es imposible no “perder la cabeza”, lo seguirás haciendo; sin embargo, es importante entender qué es lo que sucede en nuestro cerebro cuando esto pasa y, que hay diversas opciones que podemos emplear para volvernos a integrar y ser capaces de solucionar nuestros conflictos de una manera respetuosa.

 

Dennis Charles

Mamá. Licenciada en psicología, asesora de porteo y facilitadora de disciplina positiva.

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