Crianza con simplicidad

Por Liliana Contreras

Nos dimos cuenta que necesitábamos un alto, cuando vimos que ChuyCarlos estaba estresado. Sí, a sus 4 años estaba preocupado, llorando por no querer ir a la escuela, rechinando los dientes y apretando las manos al dormi, irritable y llorando por cosas que no tenían tanto sentido para nosotros. Así que nos detuvimos. No fue a la escuela por unos días, buscamos opciones y, poco a poco, volvió a sonreír y a decir “no importa mamá”, cuando no podía tener algo en el momento  o cuando se le ponchó una pelota.

Buscamos  una nueva escuela en la cual nos recomendaron este libro: Crianza con simplicidad. El poder de lo sencillo para criar hijos más tranquilos, felices y seguros, de Kim J. Payne.

Un concepto interesante que aparece en el libro es el de Reacción de estrés acumulado (REA). De acuerdo con lo que el autor ha observado en consulta, los niños de hoy viven un nivel de estrés que no siempre logran manejar, debido a la carga de actividades y exigencias del día a día. La razón es, la mayoría de las veces, que los papás estamos en la misma dinámica en nuestro trabajo y, por ello, tratamos de mantener a los niños ocupados o, bien, compensar nuestra falta de tiempo y atención.

Lo define como “un patrón de pequeñas tensiones constantes, un umbral constante de estrés que puede aumentar, pero casi nunca llega a disiparse”.

Vivimos con un patrón donde demasiado es lo normal. Las tensiones se convierten en el punto central de la infancia y el niño deja de lado lo que en realidad sí es importante: su sentido de identidad emergente y en desarrollo.

Levantarse temprano, salir corriendo a la escuela, almorzar en el coche, seis horas (o más) en la escuela en un niño de primero de kínder, academias y, luego, actividades extracurriculares, tarea, preparar uniformes y dormir. Tengo que decir que mi hijo no se queda a academias ni tiene tarea o actividades extracurriculares. Aún así, era demasiado para él.

Sin descanso, sin tiempo para el juego libre o para flojear a gusto en casa. ¿La consecuencia?  Estrés. Los niños que presentan REA muestran los mismos síntomas que aquellos que presentan estrés postraumático, como los que viven en pobreza extrema o en medio de una guerra.

¿Cuáles son los síntomas? 

  • Hipervigilancia
  • Nerviosismo
  • Ansiedad
  • Falta de resiliencia
  • Falta de control de impulsos
  • Falta de empatía
  • Ausencia de toma de perspectiva

¿Cómo podemos proteger la infancia de nuestros hijos? 

Cuando nos damos cuenta que vivimos en la rutina del “demasiado”, es conveniente detenernos. Igual que cuando uno de nuestros hijos tiene temperatura, la presencia de estos síntomas amerita quedarnos en casa, descansar, comer en la cama, abrazar y estar al lado de nuestro hijo.

Una vez que logramos tranquilizar la rutina, el autor propone algo sencillo, pero, al mismo tiempo, complicado: simplificar el contexto del niño. Yo ya apliqué algunas de sus recomendaciones y, en realidad, siento que nos ha abierto el panorama.

La simplificación señala un cambio y crea un espacio para la transformación. Es una reducción que invita a la claridad (Payne).

Este proceso implica, entre otras cosas, lo siguiente:

Simplificar el ambiente: parte de la idea de que “tener demasiadas cosas nos lleva a demasiadas decisiones”. Al pensar en el ambiente debemos considerar el espacio, los juguetes, los aromas y la iluminación. Reflexiona sobre la cantidad de estímulos que proporcionan a tu hijo y empieza a reducirlos para crear un ambiente “limpio”, claro y tranquilo. Por ejemplo, eliminar hasta el 75 por ciento de los juguetes que tienen tus hijos. Suena mal, pero, por experiencia les digo, los niños ni se dan cuenta y logran un juego creativo y simbólico con mucho menos. “Tener demasiadas cosas conduce a la falta de tiempo y de profundidad en la forma en que los niños miran y exploran su mundo”.  Ten en cuenta que, en nuestros días, el aburrimiento es un regalo, a través del cual permites a tu hijo imaginar. Puedes armar una ludoteca, para guardar ciertos artículos que pueden ir cambiando cada cierto tiempo. Deberás sacar a la basura los juguetes rotos, incompletos, irreconocibles, desechables, ofensivos, muy estimulantes o inapropiados para su edad. Deja aquellos que sean flexibles, que pueda usar con varios sentidos y que promuevan la imaginación y el juego simbólico. Lo más importante es darle un tiempo sin estructura para que experimente con ellos.

El énfasis es crear un ambiente de calma y apoyo, para que puedan manejar cualquier situación que surja (Payne).

Incrementar el ritmo: los niños dependen de la estructura rítmica del día. Entre mayor predictibilidad tenga su rutina, el niño se sentirá más seguro, porque sabe qué puede esperar. De esta manera, lo verás más cooperador. Los niños de hoy tienen muy poco tiempo libre, a diferencia de lo que tuvimos nosotros. Van más horas a la escuela, tienen más actividades programadas por las tardes, tienen más tarea. Esto ocasiona que se sientan presionados, corriendo de una actividad a otra, sin descanso, viviendo el día a día con sus cambios impredecibles. Al incrementar el ritmo en la familia, las actividades serán más previsibles para nuestros hijos, brindaremos orden, claridad y tiempo suficiente para cada una de ellas. Los espacios libres son los que nos permiten relacionarnos, por lo cual debemos aprovechar para compartir porque solo así podemos “conectar” con los demás. Intenta tener actividades rutinarias o rituales en familia como comer juntos, leer el cuento antes de dormir, usar juegos de mesa cierto día de la semana. Entre más actividades compartan, más crece el sentido de identidad de tu familia.

Gracias a la predictibilidad, el niño sabe qué puede esperar. Se siente seguro porque sabe qué sucederá. Entre mayor sea su seguridad, mayor será su cooperación con otros (Payne).

Equilibrar los horarios: todos necesitamos descanso. “Como la planta sin raíces, la actividad sin descanso es insostenible”. Planea el horario de tu familia pensando en el equilibrio. Escuela y trabajo, juego, descanso, tareas del hogar, TIEMPO LIBRE. Aprovecha el momento en que tu hijo se siente aburrido para motivar su creatividad.

Si el horario del niño se planea con mayor conciencia y equilibrio, puede servir a sus necesidades de mejor manera (Payne).

Filtro al mundo de los adultos: lo que hacemos como adultos es el principal ejemplo para nuestros hijos. Si tenemos miedo de lo que ocurre en el mundo, nuestros hijos vivirán preocupados como nosotros. No se trata de no estar informados, pero es importante transmitirles la idea de que el futuro es prometedor y que pueden impactar en él. El acceso a la televisión o pantallas debe ser regulado. Lo recomendable que un niño menor de 7 años no tenga acceso a pantallas, para evitar el agobio, consumismo, pasividad, etc. Otro punto a analizar es el contenido. Los niños no pueden diferenciar entre realidad y fantasía hasta los 6 o 7 años de edad. Si ven actos de violencia, lograremos que sean insensibles a ella. Incluye límites claros y consistentes. No permitas que tu hijo participe en decisiones y temas de adultos. En lugar de dar información, a veces los niños necesitan ser escuchados.

Los niños se alimentan de las emociones de sus padres (Payne).

Creo que todos en algún momento hemos hablado del mundo que les ha tocado a nuestros hijos. Vemos a los bebés expertos en tabletas electrónicas y a los niños de primaria con un celular más moderno que el nuestro. En casa, me ha tocado ver que los niños no saben jugar, tiran los juguetes al piso y ¿luego? Cuántos no hemos observado que, en lugar de correr o trepar en el parque, muchos pequeños se quedan sentados viendo videos en YouTube o se molestan por el calor y desean volver a casa.

Vale la pena detenernos a reflexionar, hacer una pausa de nuestra corredera diaria y aplicar un poco de simplicidad a nuestras vidas. Los niños nos lo agradecerán.

Si le das a un niño cada vez menos complejidad, crece su interés, cultivando así los verdaderos poderes de la atención (Payne).

 

 

Liliana Contreras

Psicóloga y Licenciada en letras españolas. Cuenta con un Máster en Neuropsicología y una Maestría en Planeación. Se dedica a la atención de niños con trastornos del desarrollo. Fundó el centro Kua’nu en 2012. Ha publicado en la revista La Humildad Premiada, Historias de Entretén y Miento, La Gazeta de Saltillo, en los periódicos Vanguardia y Zócalo de Saltillo. Colaboró en el libro Cartografía a dos voces. Antología de poesía (Biblioteca Pape & IMC, 2017) y, actualmente, escribe para la revista NES, en la edición impresa y digital.

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