El entramado de mis días

Tramitóloga. A eso me he dedicado el último par de meses: apertura de cuenta para una persona moral; cambio de IFE por INE;  actualización de datos de mi Afore, con lo que descubrí que tenía un registro viejísimo en Pensión ISSSTE y doble CURP; contrato de arrendamiento; uso de suelo por el cambio de domicilio del centro; cambio del objeto social de la asociación; cesión de derechos de una asociación a la nuestra; plan de contingencia; autorización de protección civil; firmas de los vecinos para autorizar la nueva dirección; solicitud de constancias de término del último Diplomado que abrimos en el centro; pedir un préstamo; copias notariadas; nuevo contador que administre asociaciones civiles; adendum.

¿Qué pasa cuando tenemos una idea, cuando queremos emprender algo que consideramos realmente bueno y novedoso o cuando damos un paso afuera de nuestra zona de confort?

Tal vez, mi lado romántico es demasiado fuerte, porque constantemente me aventuro a hacer cosas nuevas para mí. Imagino el sentimiento de bienestar, acercarme un poco más a mi estándar de éxito, exigirme siempre más.

Me ha pasado varias veces que los planes se me empalman, por intentar hacerlo todo a la vez. Es como una sensación de que la vida es tan corta y de que hay tanto por hacer en nuestro mundo, que no puedo esperar a terminar una cosa, cuando ya tengo un nuevo plan encima, generando un entramado complicado de satisfacer o de cumplir. Lo bueno del caso, es que tengo un esposo igual de aventurero que en muy pocas ocasiones me ha dicho que no me apoya. Por lo general, ahí vamos los dos, de plan en plan, de novedad en novedad, batallando y haciendo un gran esfuerzo por cumplirlos.

Les doy un ejemplo: inicié mi segunda maestría en marzo de 2017 y Nicolás, mi segundo hijo, nació en abril del mismo año. Sí la terminé, no crean que deserté después de la cesárea. Ese mismo año, en mayo y junio, respectivamente, me cambié de casa y abrimos la segunda sucursal de la asociación. ¿Por qué no podía dejar la maestría? Porque era la maestría en neuropsicología, que había buscado desde que egresé de la licenciatura en el 2003 y a la que, por una u otra cosa, no había podido inscribirme. Además, me habían autorizado una beca por parte de la OCDE que cubría más de la mitad del costo. (Siendo sincera, si no me hubieran dado la beca y me hubiera comprometido con otro curso, aunque no fuera de neuro, igual, no habría renunciado).

En esta semana, me enfrenté a un momento parecido. A un entramado emocional que me quitó el aliento y la motivación por unos segundos. Recibí demasiados no. Me desilusioné a pesar de mi positivismo y estaba exhausta de buscar nuevas alternativas para lograr que un nuevo proyecto vea la luz este mismo año. Todavía no estoy segura que lo vaya a lograr, pero sé que mi empeño y persistencia están trabajando a marchas forzadas.

Llegando a ese punto, hay dos cosas que me relajan y me devuelven el entusiasmo. La primera, ver dos videos que han resultado ser muy significativos para mí; la segunda, escuchar música en la oscuridad.

Creo que los videos me ayudan a entender que no soy la única que batalla en cumplir sus planes. También, me permiten comprender que, el hecho de que me cueste mucho lograr algo, no significa que las demás personas batallen lo mismo. Quizá para otros sea más sencillo (simplemente porque hay quien sabe qué es un adendum antes de tener que firmarlo) y para otros más complicado (porque tal vez no tengan los mismos apoyos con los que yo cuento).

Aunque no soy fanática de la música, escucharla en la oscuridad me permite tener conciencia plena sobre mí misma y, además, estimula el hemisferio derecho que participa tan poco en trámites administrativos, brindándome nuevas opciones e ideas para continuar.

El cansancio, la frustración, la decepción y la culpa, se vuelven nada cuando llego a este momento entre mis días ajetreados, en que soy yo la que se niega a aceptar las cosas como son. Éste es casi el único “no” que soy capaz de decir.

Mis referencias:

 

 

 

 

Liliana Contreras

Psicóloga y Licenciada en letras españolas. Cuenta con un Máster en Neuropsicología y una Maestría en Planeación. Se dedica a la atención de niños con trastornos del desarrollo. Fundó el centro Kua’nu en 2012. Ha publicado en la revista La Humildad Premiada, Historias de Entretén y Miento, La Gazeta de Saltillo, en los periódicos Vanguardia y Zócalo de Saltillo. Colaboró en el libro Cartografía a dos voces. Antología de poesía (Biblioteca Pape & IMC, 2017) y, actualmente, escribe para la revista NES, en la edición impresa y digital.

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