(In) tolerancia

Este último año, asistí a infinidad de piñatas. A diferencia de los años anteriores, dejé el trabajo por las tardes, lo que me permitió acompañar a mi hijo a la mayoría de fiestas a las que nos invitaron en estos meses. Como Chuy Carlos no es muy afecto a los juegos de trepar que hay en muchos salones infantiles, acompañarlo suele representar una tarde tranquila: verlo saltar en los brincolines, correr con sus amigos, pedirle al fotógrafo que le tome su respectiva sesión de poses, caras y gestos; comer comida chatarra que otros días no le permitimos, pasar varias veces con el carrito de compras lleno de frutas y verduras y… no defenderse.

 

El dilema

Hace dos años (Chuy Carlos tenía dos años y Nicolás en proceso), fuimos a Kidzania. Estábamos formados en las escaleras de Aeroméxico y un niño pequeño, más o menos de la edad del mío, empezó a adelantarse en la fila. Pensé que los padres no tardarían en hablarle, pero, cuando abrieron la puerta para entrar al avión, los papás se adelantaron para alcanzarlo, dejando atrás a todos los que esperábamos, ya que ellos nunca se formaron. Para que ChuyCarlos no se desesperara, estábamos jugando y cantando, saltando en un pie, haciendo malabar y medio, con la única intención de que aprendiera a esperar su turno. Cuando un niño se le adelanta, ¿qué le digo? Quiero que mi hijo sea tolerante, pero también quiero que aprenda a defenderse, sin lastimar a otros y sin que lo lastimen. ¿Posible?

Escribo esto porque en las fiestas he visto lo mismo. Acompaño a mi hijo a formarse para pegarle a la piñata o me mantengo cerca de él, por si intenta salir de la fila o adelantarse, ayudarle a esperar. Sé que por su edad, aún no tiene la madurez para permanecer por sí mismo, pero, con un poquito de ayuda, lo logra. Si alguien se mete en la fila, mi hijo no hace nada. Muchas veces, ni cuenta se da que faltaban tres niños y, de repente, ya hay cinco adelante.

Un compañero vació un bote de cátsup en su merienda y, en lugar de quejarse, rescataba de entre el caldo de salsa, las pocas papas comestibles que quedaban. En otra ocasión, le arañaron la cara y se queda viéndome con los ojos de plato: ni él ni yo podemos creer lo que ocurre.

Me he puesto a observar y no es casualidad que los niños que no respetan los turnos, los que molestan a los demás o los que dejan comida y dulces sin terminar por todos lados,  son los hijos de los padres que están tranquilamente sentados e ignorantes de lo que hacen sus pequeños.

¿Qué importancia tiene todo esto? 

En el colegio, dejamos y recogemos a los niños en el afamado “carrusel”. Constantemente, en el grupo de WhatsApp hay mamás que se quejan, llegando incluso a mandar fotos de los que se meten a la fila de carros o que no respetan las reglas de vialidad. Esto genera inconformidad, mal humor, fricción en las relaciones. Si una mamá dice que se metió en la fila por X razón, las demás dicen que TODOS tenemos situaciones por las cuales podríamos hacer lo mismo, lo cual es inverosímil, pero comprendo la molestia por la falta de respeto a las reglas, que son bastante claras.

Lo chistoso del asunto es que una mamá de las que se quejan por el asunto de los carros, es mamá de un niño sin supervisión en las fiestas.

Sé que todos queremos llegar a un lugar y sentarnos a platicar o echarnos el cigarro a gusto, pero la educación de nuestros hijos se da in situ. Si es una fiesta para niños, es una fiesta para que los niños se diviertan, disfruten y aprendan a convivir.

Estar en las situaciones cotidianas, acompañándolos, moldeando su conducta, poniendo el ejemplo, es algo que debe darse desde que nacen, es lo que hace de ellos lo que son. No lo aprenderán en la escuela, ni en terapia, ni con los abuelos. Lo aprenden directamente de nosotros, mamá y papá.

 

 

 

Liliana Contreras

Psicóloga y Licenciada en letras españolas. Cuenta con un Máster en Neuropsicología y una Maestría en Planeación. Se dedica a la atención de niños con trastornos del desarrollo. Fundó el centro Kua’nu en 2012. Ha publicado en la revista La Humildad Premiada, Historias de Entretén y Miento, La Gazeta de Saltillo, en los periódicos Vanguardia y Zócalo de Saltillo. Colaboró en el libro Cartografía a dos voces. Antología de poesía (Biblioteca Pape & IMC, 2017) y, actualmente, escribe para la revista NES, en la edición impresa y digital.

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