Lumbre muerta, nueve años después

Por Liliana Contreras Reyes

Hace nueve años, casi terminando mi carrera en Letras Españolas, el maestro Jaime Torres me invitó a presentar su libro Lumbre muerta. Sigo sin entender el motivo, aunque me sentí sumamente especial en el momento. Los personajes de Sabina Puente Centeno y Elías Palma trascendieron las pláticas y los chismes de San Juan del Cohetero y  El Porvenir, para relatarnos su historia en Lumbre muerta. Ambos pueblos de nuestro estado de Coahuila, insignificantes para muchos y muy significantes para otros. 

Uno

¿Quién es Jaime Torres? Escribí sobre él como artesano y músico, en el periódico Vanguardia hace una década, pero resalta su labor como escritor. Esta labor implica horas sentado frente a la famosa página en blanco. Horas leyendo. Pobreza, remolinos de ideas buscando el orden adecuado para verterse sobre el papel y, ante todo, que esas palabras, en el orden seleccionado, digan lo que queremos decir. El escritor debe combinar su vocación con un trabajo que no siempre se relaciona con la escritura. Así es la vida. Por eso, encontrar un buen maestro en este campo es tan complicado, ya que se requieren ciertas cualidades: tolerancia, humildad y paciencia.

¿Quién está dispuesto a entregar o a compartir de forma gratuita un lenguaje depurado con sudor, paciencia y una larga espera?

Dos

Cuando empecé a leer Lumbre muerta me sentí muy feliz de encontrarme con San Juan del Cohetero, porque reconocí la historia. Sabía que ese era el libro que el maestro Jaime quería escribir, desde tiempo atrás. 

En el Taller de Trabajo Editorial escuché por primera vez la anécdota de Sabina Puente —les cuento lo que sabía de ella antes de leer Lumbre muerta̶ -. En el 2006, era una tía, aún sin nombre para mí, que esperó, incansable, a un jinete al que vio una sola vez, cuando entró y salió de San Juan del Cohetero sin fijar su mirada en el pueblo polvoriento. Aquella mujer dedicó su vida a esperar. ¿No es eso lo que hacemos todos, mantenernos atados a nuestras esperanzas? Sentada en su mecedora “cuyo rango sólo permitía ver con claridad el camino largo que iba para El Porvenir”.

Tres

Imaginemos qué implica leer y escribir en la actualidad. ¿Quién tiene tiempo de hacerlo? ¿Quién lee? ¿Quién escribe? Es más, ¿quién se atrevería a escribir más de una oración a mano? ¿Un párrafo, quizá? ¿Quién corrige su ortografía con el diccionario a un lado, sin esperar que la computadora subraye los errores?

Lumbre muerta es para quienes, como su autor, aman el arte de escribir. Para quienes esbozan una leve sonrisa cuando reconocen el nombre de un lugar en las páginas de un libro. Para aquellos que adoran, por sobre todas las cosas, un tipo de arte poco valorado: el arte de leer. Este libro está dedicado, calladamente, para quienes ejercitan la lectura, para aquellos que no buscan sólo jactarse de haber leído tal o cual autor, sino para quienes habitan en, por y para la lectura. Para quienes transpiran por el gusto sencillo de reinventar y reescribir el libro que nos legó un autor; esos que, mientras caminan, cuentan sus pasos en un interminable conteo de silabas y que buscan que el sonido de sus pisadas encuentren la rima. Lumbre muerta ha sido reescrito por mí un par de veces. ¿Qué es, al final de cuentas, lo que importa de la escritura-lectura? Que no haya uno, sino dos autores.

Cuatro: el primer umbral

El primer umbral se ubica principalmente en San Juan del Cohetero y en él nos acercamos a Sabina Puente. Tras un nacimiento plagado de malos augurios esta mujer vive el sueño de su madre. Sabina era hermosa, la bellísima le decían: una luz en medio del desierto, un espejismo atemporal. Abandonada por sus padres que, tal como llegaron a instaurar un nuevo pueblo, un día abandonaron todo, dejando sólo cenizas al vuelo. Fue en el aislamiento que Sabina vio pasar a Elías Palma, prendándose inmediatamente de su silueta.

Aludiendo al mito fundador, la familia Puente llegó de Zacatecas a colonizar la región y acrecentar las tierras de la corona española. Este primer umbral nos recuerda las historias narradas en La Biblia, a Caín y Abel, los siete días de la creación del mundo, el símbolo del fruto prohibido, la serpiente como señal de desconsuelo y finitud.

Sabina conoce el amor. Desesperada y confundida, implora el regreso de su amado: Elías Palma. “En el remanso de la lucidez que flota en momentos de extrema calma, alcanzo la contundente respuesta: no existes, no viniste nunca” (p. 73). Asegura que “basta cerrar los ojos para darle paso a su sombra. [Que] es posible conversar con [Elías] si se tiene la capacidad para instalarse en un rincón del tiempo y quedarse inmóvil dentro de un espacio que nada más existe si se piensa” (p. 58).

 

Segundo umbral

La desesperación de Elías Palma es tal que decide ir en busca de “la bellísima”, una mujer a la que sólo conoce por las pláticas de los gitanos. Salió en un caballo robado hacia San Juan del Cohetero, pero un vistazo no fue suficiente para reconocer el pueblo. Lo confundió con un remolino de polvo, con el paso de las aves, con la línea del horizonte. Dieciséis veces subió la loma: nada. San Juan del Cohetero era un abismo. Quizá, con unos años menos de distancia, se habría dado cuenta que Sabina lo observaba desde su mecedora. No la vio. Como lo confirmaría años después su hijo, Nazario, “el amor es sólo un acto de la imaginación. Lo que se ama no existe, se va construyendo” (p. 116).

 

Tercer umbral

“Toda muerte deja una herencia”.

Quien nos habla es un cerro y es él quien nos descubre que Nazario Palma, hijo de Elías, pudo llegar a “la misma comarca donde estuvieron, en el mismo espacio, aunque no en el mismo tiempo, San Juan del Cohetero y El Porvenir” (p. 144).

Cinco: el fin

No lean Lumbre muerta.

No lo lean.

Escúchenlo.

Escúchenlo en ese andar lento que sólo es efectivo en el silencio de una noche al despoblado. Como fondo, el rechinar del grillo o los pasos ágiles de un correcaminos. Como diría Paz, escuchen las palabras como quien oye llover, ni atentos ni distraídos. Que las palabras caigan como gotas en el vacío. Como una letanía reconfortante que nos encamine a la introspección, en la imaginada voz de Sabina Puente.

Les dejo un fragmento:

Luz de luna,

reluciente antorcha,

amparo y guía;

codiciado tesoro guardado para siempre

en el arca de mi corazón.

Volcán sagrado,

arpa celestial;

tu nombre es una corona de espinas

y lirios morados aprisionando mi alma.

Relicario de ornamentos,

fragante amanecer,

hombre etéreo,

arcángel de niebla,

sangre del rocío,

soplo del viento;

háblame,

escucha mi ruego,

apiádate de mí.

¿Quién soy yo, si no me encuentro?

¿Quién eres tú, si no te veo?

¿Dónde te encuentras, amor, en medio de de ese yermo infausto que me arrebató del horizonte tu figura?

En las murallas de la nada te busco,

te imploro,

felicidad ganada;

te llamo,

angustia sagrada;

grito tu nombre día tras noche

y semana tras infinito tiempo.

Pero no hay respuesta.

Sólo el cínico viento se burla en la tempestad de mi delirio (p. 73).

 

Jaime Torres no me engaña. Lumbre muerta es poesía camuflada. Poesía que se salva de la contrariedad actual, de la prisa y mestizaje o hibridez a que nos orilla la globalización, prosa poética. 

Escuchen.

Es el cerro quien habla. Quien lleva a cuestas la sentencia dictada a Sabina Puente el día de su entierro, por la rezandera Celia Corpus:

“Aquí te quedarás, Sabina Puente —le dijo como si la muerta pudiera escucharla—, en la casa que hemos construido para ti en torno a esta asamblea de muertos. Ahora podrás nombrar sin angustia al hombre amado. En el seno de la tierra hicimos este lugar de retiro para que sea tu morada y puedas contemplar sin obstáculos el camino que conduce a El Porvenir (p. 145).

 

Liliana Contreras

Psicóloga y Licenciada en letras españolas. Cuenta con un Máster en Neuropsicología y una Maestría en Planeación. Se dedica a la atención de niños con trastornos del desarrollo. Fundó el centro Kua’nu en 2012. Ha publicado en la revista La Humildad Premiada, Historias de Entretén y Miento, La Gazeta de Saltillo, en los periódicos Vanguardia y Zócalo de Saltillo. Colaboró en el libro Cartografía a dos voces. Antología de poesía (Biblioteca Pape & IMC, 2017) y, actualmente, escribe para la revista NES, en la edición impresa y digital.

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