XXXVIII

Por Liliana Contreras Reyes

Mi mamá decía que se iba a morir a los 40 años. Se imaginaba que ya sería una mujer de la tercera edad, incapaz de aspirar a todo lo que ha hecho después de subir al cuarto piso. Aún Arjona no escribía su famosa “Señora de las cuatro décadas” y la expectativa de vida difería de la que se tiene en la actualidad. No les digo cuántos años tiene, pero ya hay credencial del INSEN de por medio, lo cual festejo con toda la gratitud que cabe en mi corazón.

Cumplí 38 años esta semana y me siento en el lugar opuesto. Mi vida está en proceso. A mi edad:

  • Mi casa no está completamente amueblada y sigo teniendo algunas cosas guardadas en cajas desde la última mudanza, hace 2 años.
  •  Puedo salir a la tienda o a barrer la banqueta en pijama, lo cual era inadmisible para mi madre.
  •  Mis hijos tienen 2 y 4 años, mientras que mi mamá tenía una hija de 20 años y la más pequeña de 10 cumplidos.
  •  Sé cocinar lo básico, pero no soy capaz de preparar la cena navideña sin su ayuda.
  • Uso playeras de Mickey Mouse, de Harry Poter, de unicornios y arcoiris, mientras mi mamá vestía impecablemente de falda hasta la rodilla y medias. Incluso cuando doy un curso en el trabajo, no me siento cómoda en traje sastre.
  • No soy capaz de arreglarme decentemente para una boda, mientras que mi mamá ya había pasado por el uso de turbante y toda una gama de labiales, de entre los cuales recuerdo mucho uno color coral que le lucía perfecto.
  •  Me siento rara cuando me dicen señora, mientras mi mamá se sentía orgullosa de portar ese prefijo.
  •  La piel de mi mamá siempre ha sido muy tersa y a mí me siguen saliendo granos de adolescente.
  • Recurro a ella para pedir ayuda o, simplemente, para compartirle mis angustias y sentir cómo baja mi ansiedad.
  • Festejé mi cumple con una “Colorada”, una rica bebida a base de jamaica que había visto en una foto, mientras que mi mamá seguro querría celebrarlo comiendo algo rico y durmiendo tranquila y temprano.
  • En dos días viene a cuidarme y apoyarme en estas vacaciones, mientras que mi abuela apenas fue a visitarnos a casa un par de veces.
  • Sigo siendo capaz de desayunarme unos Ruffles. 

Ahora sí que, a mi edad, sigo empezando proyectos, dudo de mi vocación, pienso que me falta tanto por aprender y que la vida, aunque aparentemente larga, es muy corta.

Agradezco este año que empieza, replanteándome lo que quiero lograr y disfrutando los regalos de las personas que más quiero:

Chuy Carlos, sin decirlo, me regaló un día. Durmió pegado a mi brazo, porque sabía que al día siguiente era mi cumple; quiso acompañarme al trabajo y pintamos juntos una pared del consultorio; en lugar de quedarse en casa a ver tele, volvió a irse conmigo al trabajo en la tarde, sólo para acompañarme.

Nicolás me abrazó cuanto pudo, me cantó las mañanitas y hasta les puso unos cuántos pasos de baile; quiso dormir solo pero no pudo: lo intentó.

Mis sobrinos, por un lado, me mandaron un audio cantando y echándome una porra.

Mis sobrinas, por el otro, me hicieron tres cuentos, uno cada una, en donde reflejan la maravilla de su niñez y su personalidad única. Además, lo más interesante, trataron de no pedir tantos snacks esa tarde para que yo “descansara un poco”.

Recibí unas bonitas canciones de parte de mi esposo y grandes amigos, las cuales escuché en el silencio de la noche, con Nicolás a un lado y recordando momentos que han sido cruciales para nuestra historia juntos. Y, en la cena de festejo, no pidió pastel con vela, lo cual me causa muchísima pena.

Mis amigas y compañeros de trabajo me dieron una dosis de energía y vitalidad con sus  palabras, que ni siquiera creo merecer.

Todo esto más una concha, un sándwich, un café, una dona, un pastel y mi Colorada, me han hecho el día perfecto.

¡Los cuarenta se acercan y siento que hay tanto que me falta por hacer!

Siento que, esto de la vida, apenas comienza.

 

 

 

 

Liliana Contreras

Psicóloga y Licenciada en letras españolas. Cuenta con un Máster en Neuropsicología y una Maestría en Planeación. Se dedica a la atención de niños con trastornos del desarrollo. Fundó el centro Kua’nu en 2012. Ha publicado en la revista La Humildad Premiada, Historias de Entretén y Miento, La Gazeta de Saltillo, en los periódicos Vanguardia y Zócalo de Saltillo. Colaboró en el libro Cartografía a dos voces. Antología de poesía (Biblioteca Pape & IMC, 2017) y, actualmente, escribe para la revista NES, en la edición impresa y digital.

2 Comments

  1. Responder

    Yolanda Martínez

    julio 14, 2019

    Pensé que era muy raro que yo estuviera así nada más. Tengo 39…pero yo no tengo hijos ni esposo. Mi profesión no ha despegado y siento que esta vida es una broma pesada. Aunque las cosas que disfruto…mis perritos, la naturaleza y la compañía de la gente que quiero no tienen precio.

    • Responder

      Liliana Contreras

      julio 16, 2019

      Nunca es tarde, solo hay que ser y disfrutar cada momento como es, reconociendo en todo momento lo que nos hace felices. Si son tus mascotas, la naturaleza y la gente que amas, adelante, vívelos y disfrútalos al máximo.

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