Por Ana Victoria Zamora
Hay algo que nadie nos enseña cuando somos niñas: habrá días en los que tendremos que rescatarnos a nosotras mismas.
Crecemos creyendo que la vida sigue un camino recto y que, si hacemos las cosas bien, todo saldrá como lo imaginamos. Pero llegan las despedidas, los cambios, las decepciones y ese silencio que aparece cuando sentimos que ya no podemos más. Entonces entendemos que vivir también significa aprender a levantarse una y otra vez.
La vida tiene una forma muy particular de ense-ñarnos. A veces sus lecciones llegan envueltas en lágrimas; otras, en pérdidas, miedos o cambios inesperados. No siempre las comprendemos en el momento, pero con el tiempo descubrimos que cada una nos estaba preparando para ser más fuertes.
Hubo momentos en los que pensé que era imposible volver a sonreír con el corazón roto. Sin embargo, aprendí que el corazón también sana cuando dejas de esperar que alguien venga a salvarte y decides empezar a salvarte tú.
No es un proceso rápido. Hay mañanas en las que levantarse cuesta. Vas a trabajar, cumples con tus responsabilidades y sigues adelante mientras libras una batalla silenciosa. No porque no duela, sino porque descubres que la valentía muchas veces tiene el rostro de una mujer que, aun cansada, decide seguir caminando.
Con el tiempo entendí que brillar no significa ser perfecta. Significa cuidar de ti cuando nadie más puede hacerlo. Alimentar tu cuerpo, descansar, moverte, aprender, pedir ayuda cuando la necesitas y hablarte con la misma compasión con la que acompañas a quienes amas.
Cada pequeña decisión construye a la mujer en la que te estás convirtiendo. No compitas con la vida de otras personas; compárate únicamente con quien eras ayer. Celebra tus avances, incluso los que nadie ve. Las transformaciones más profundas casi siempre ocurren en silencio.
Habrá personas que no comprendan tus cambios. Algunas preferían la versión de ti que dudaba de sí misma. Pero ya no estás aquí para pedir permiso, encajar en expectativas ajenas o hacerte pequeña para que otros se sientan cómodos.
Estás aquí para creer en ti.
Para recordar que después de una caída también se puede volver a amar, volver a confiar y volver a empezar.
La mujer que serás mañana depende de las decisiones que tomes hoy. Elige cuidarte. Elige sanar. Elige crecer.
Y cuando vuelvas a mirarte al espejo y reconozcas la fuerza que siempre estuvo dentro de ti, comprenderás que nunca necesitaste permiso para brillar.
Porque esa luz nunca se apagó.
Solo estaba esperando que volvieras a creer en ella.
¡Nos leemos pronto!

