Quiero cambiar al mundo – CECILIA MATA

Te has preguntado, ¿por qué a veces termina el día y te dices ‘No aguanto más’? Al igual que a ti, a mí me ha pasado muchísimas veces.

Te voy a platicar la historia de Isabel, una mamá de 46 años, que migró de Monterrey en 1995 para formar una familia en otra ciudad cercana. Al año de casada nace su primera hija, digamos… todo normal y nada del otro mudo (diría la mamá de Isabel ), pero para ella que no sabía nada de lo que es un embarazo y menos de un parto, su cabeza se llenó de mil preguntas y dudas. Fue en esas fechas que surgió mi amistad con ella, y claro que yo era inexperta en el tema así que ni cómo aconsejarle, sólo me tocaba escucharla y darle ánimos.
Ella gozaba de buena educación, pero más que nada de una inquietud inexplicable, todo le daba miedo, pero lo investigaba, todos le decían de todo, pero ella dudaba.
Un día dentro de su entusiasmo se propuso ser “La Mejor Mamá del Mundo” (¿Dónde lo habré escuchado antes?), reto nada fácil.

Ella tenía ideas para cambiar lo imposible por posible, siempre entre la ilusión, el miedo y la bendición de saber que había un ser vivo dentro en su vientre. Puedo asegurar que fue ese miedo el que la llevó a tomar todos los cursos psicoprofilácticos, estimulación temprana para bebés, la lactancia materna, tanta preparación para tan delicado reto. Recuerdo sus repisas llenas de libros de todo para poder salir invicta a tan esperado embarazo.

Quién diría que ese embarazo y el resultado del nacimiento de Any, le darían la primera idea para emprender su aventura antes de cambiar al mundo, cambiar su vida de mamá a emprendedora.

A seis meses del primer parto, nace la idea de crear un Centro de Estimulación Temprana, de ahí llegaron sus otros dos maravillosos hijos Mike y Alexa junto con otros cuatro negocios más que se fueron acumulando durante el tiempo que estuvo casada.

La vida había sido generosa, pero como en todos los cuentos, los momentos difíciles se avecinaban, voy a evitar profundizar en esa parte, pero sí les comento que tanto lo bueno como lo malo eran sólo la preparación para poder recibir el mejor regalo del mundo, el que cambió su forma de ver las cosas.

Tanto esfuerzo, tanto trabajo, la responsabilidad de mantener a tres hijos sola, las dificultades que se le presentan día a día la llevaron a colaborar en una Asociación Civil de tipo Comunitaria, donde todo esfuerzo dejó de ser para ella, ahora todo se concentraba en tocar el corazón de otro ser humano en una circunstancia adversa. Se dio cuenta que su historia de lucha, de sacrificios, de malos sabores eran pocos a lado de tantos casos de personas e instituciones que realizaban innumerables esfuerzos para apoyar a comunidades en situaciones inimaginables. Hablar de su historia era como estar en un Centro de Diversiones, a lado de historias reales de hombres, mujeres y niños en condiciones verdaderamente difíciles.

Isabel vio al mundo desde una nueva perspectiva, conoció a personas maravillosas dispuestas a ayudar, a apoyar, gente generosa y llena de bondad, que al igual que ella querían ver un mundo diferente, y por qué no, empezando con tu “prójimo”, que en latín significa “el más cercano” (proximus ‘el más cercano’).

Así fue como Isabel y yo a través de su historia comprendimos que para vivir una vida plena siempre debe ser compartiendo con los demás lo mucho o lo poco que tenemos y hacemos, la forma más sencilla es amando al prójimo y si eso existe en tu corazón y lo puedes sembrar en otro, cualquier dificultad por más dura que sea, cambiará, finalmente todo con amor se puede y se supera.

¿Cambiar al mundo con amor? Eso es algo por lo que vale la pena levantarse todos los días y salir a trabajar. ¿Por qué no?

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