Tengo un alma libre – KARLA SOTELO

Nací con el mal de la vagancia, con el gusano por conocer el mundo, la curiosidad de saber cosas y maravillarme con los misterios del universo y a una como yo la plantan en una familia donde había una artista y ¿qué aprendes? Pues a jugar arte, comer arte, llorar arte, imaginar arte.

Con los preceptos de la pata de perro (que me vienen de madre) y el arte (que me viene de tía) viví un tiempo. Y luego a uno le llega la dicha de parir a dos. Y todo se pone en pausa. Ser mamá y querer ser artista es como ser un malabarista de cinco manos.

Gozo de poder hacer de mi necesidad artística mi trabajo, pero también el ser mamá y la necesidad de crear son dos pelotas pesadas que hay que mantener en el aire. Y siendo sincera es algo que a veces no me sale muy bien y me pregunto ¿a quién sí? Pero supongo que como todo en esta vida es cuestión de práctica y de soltar el control. Ese que pensamos a veces que tenemos y que resulta ser sólo una ilusión.

La maestría de encontrar el balance, el equilibrio tan añorado que toda mamá de estos tiempos (sea artista o no) busca incansablemente, en mi corta experiencia como mamá de dos chiquitos, es más difícil de lo que parece en Pinterest o Instagram.

Con toda la ayuda de Oswaldo, mi madre, mi tía y Ángeles, estoy como dicen en el pueblo: “en veces arriba y en veces abajo”. Y eso es lo que estoy aprendiendo a disfrutar. Aún así, decir que mis hijos son mi inspiración va un poco más allá de la frase trillada, no sólo me impulsan a trabajar en lo que amo, sino que cada vez que hago una foto los veo a ellos, sin importar si es un niño de cinco años, un joven que se va casar, o una bebita recién nacida, y para mí esas personas son mis hijos y los imagino en esas situaciones que transforman esas imágenes en algo tan cercano que son parte de mí.

A veces quisiera tener todo el tiempo para hacer proyectos, para crear, pero ver cómo crecen es un espectáculo que no me quiero perder y quiero estar en primera fila. No quiero que me lo cuenten, mientras me nutriré de todos estos años de inspiración que están pequeños, para que en un futuro pueda crear con esa riqueza de imágenes, olores, texturas, colores, amores, que se van quedar tatuados en mi cerebro.

Alguna vez alguien me dijo que vale la pena cerrar tus alas para poder ver a tus hijos volar. Difiero. ¿Cómo pueden aprender algo que no ven? Así es que prefiero que me vean volar de vez en cuando, para que lo aprendan en vivo y con el ejemplo.

A ellos, también como a mí, les tocó nacer en una familia con artistas, así que aportaré lo que pueda para que se deleiten viendo las maravillas de este mundo, que puedan saber, si es que quieren hacerlo, que con sus manos pueden crear universos paralelos, que con su cuerpo pueden hablar y con su voz manifestar su interior.

Si logro esto mi alma libre se dará por satisfecha, porque como mamá artista les habré enseñado un poco la pata de perro y el gusto por vivir, que es ahí donde reside el verdadero arte.

2 Comments

  1. Responder

    Sisel Lan

    octubre 20, 2016

    Tus hijos tienen mucha suerte de tenerte como madre y los demás la tenemos de tenerte como artista.

  2. Responder

    Ana Iglesias

    octubre 22, 2016

    Karla, me siento afortunada de haberte conocido y aprender de ti, eres un ser maravilloso lleno de luz, te admiro como persona, como mujer, como madre y como artista.
    Te quiero mucho!

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