Dicen que el silencio es oro

silencio-es-oro
Por Dona Wiseman

Me encomiendo
a la nada

a ese momento
en que desvanecen
los pensamientos

al espacio
entre la exhalación
y la inhalación
próxima

a la eternidad
manifiesta en segundos

al entre paréntesis
donde no poseo nada

a la experiencia
sin nombre
que limite

a la verdad absoluta
del silencio.

-Dona Wiseman

A lo largo de mi camino de vida me he topado con personas muy sabias, o personas normales que son tan abiertas a la gracia que tocan en momentos una sabiduría excelsa. Una de esas personas en una ocasión dijo: “En el momento en que nombramos una experiencia, matamos a la misma.” Sí, poner una experiencia en palabras es una especie de asesinato, pues al ponerle un nombre le quitamos todas las demás opciones de ser y nos alejamos de su esencia. En psicoterapia nombramos las experiencias. No, eso no es exacto. Buscamos experienciarlas, echarnos un clavado en la experiencia de tal manera que no se nos escape nada. Usar los 5 sentidos y unos cuantos más. No esquivar ni evadir ninguna sensación ni efecto. Lo que nombramos entonces es, valga la redundancia, nuestra experiencia de la experiencia. Seguramente nunca podemos, de manera concreta, nombrar una experiencia.

Me llega a la mente una estrofa de una canción de Alejandro Filio:

“Porque estás en mi frente confundiendo a las horas
porque vuelves silente de la luz a la sombra
descomponiendo todo,
cuando un verso te nombra.”
(Si la leíste cantando, eres de los míos.)

No sé cuál haya sido la experiencia de Filio al escribir esta canción, ni la experiencia que intenta nombrar. A mí me remite al hecho de que cuando recordamos a alguien pintamos a ese alguien con la paleta de colores con que lo hemos experienciado. De pronto un simple humano recobra características divinas porque me he enamorado, o bien características de demonio porque me he sentido lastimada por su trato o su falta de atención. Lo que nombro es lo que veo de mí y de mi experiencia en esa persona, o bien lo que idealizo en mí o en el otro. No puedo, no soy capaz como ser humano, de nombrar a una persona en su esencia. Puedo experimentarlo, pero los colores que tengo en mi paleta son limitados a los que mi temperamento y carácter construido pueden aportar.

Entonces, ¿cómo hacerle para poder experimentarme, y al mundo, y a los demás de una manera más amplia? Y digo más amplia porque siempre tendremos filtros. Esos filtros tienen que ver con el trabajo de crecimiento que venimos a hacer en este plano. Nuestro trabajo personal ampliará nuestra gama de colores. Conforme trabajamos con nuestro carácter (la manera en que erróneamente nos hemos nombrado a nosotros mismos) podremos dejar los límites autoimpuestos para dejar de ser esclavos del “así soy yo”. Cada vez podremos nombrar las experiencias de una manera menos limitada. Pero, eso no era lo que quería proponer. No era todo lo que quería proponer. Propongo que hay momentos, experiencias, sensaciones, vivencias, canciones, miradas, contactos, aromas, sabores, lágrimas, suspiros, resultados, y un sinfín de “cosas” que valdría más no nombrar. Son grandes y al nombrarlos los limitamos irremediablemente.

Hace días traía mucho ruido en la mente. No lograba detenerlo y me sentía agobiada, casi atacada por mi propia inhabilidad de acallarme. Esta mañana amanecí en silencio. Y en el silencio puedo mirar mi experiencia con ojos que no requieren palabras, con una voz que solo se puede expresar en poesía, con una tranquilidad traviesa que se sabe poseedora de algo más completo que las palabras y las explicaciones, con el vacío fértil interno donde todo es posible.

Te reto a experimentar tu propio vacío fértil, a quedarte en la nada, en el silencio. A no nombrar. A no nombrarte. A estar y a ser, aunque sea a ratitos.

Dona Wiseman

Psicoterapeuta, poeta, traductora y actriz. Maestra de inglés por casualidad del destino. Poeta como resultado del proceso personal que libera al ser. Madre de 4, abuela de 5. La vida sigue.

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