Recuperemos el piropo silencioso

piropo silencioso

Hemos perdido el equilibrio y la comunicación, cuando en la calle un hombre se cree con el derecho de decirnos leperadas por la ropa que usamos o cuando demandamos ante la autoridad a un hombre que se atrevió a decirnos guapas.

Por Jessica Rosales

En la niñez o adolescencia probablemente muchas de nosotras imaginamos ser doncellas en espera de la llegada de nuestro príncipe azul. Hoy retomamos esos recuerdos probablemente cuando disfrutamos de alguna película de época.

Hace más de un siglo las costumbres y tradiciones eran distintas, la mujer se dejaba conquistar y el hombre sabía cuál era el momento adecuado.

En la antigüedad, dejar caer intencionadamente el pañuelo era una manera de llamar la atención de un hombre y decirle que deseaba iniciar un cortejo amoroso. Era la señal de la mujer hacia el sexo opuesto indicándole que podrían comenzar una conversación, incluso una relación.

Otro código establecido hace muchas décadas era el uso del abanico. Con éste podían señalar quién era un buen candidato y quién no, quién estaba tomado, feo o atractivo. Cerrar el abanico y llevarlo hacia la mejilla derecha era un sí, cerrarlo y llevarlo a la mejilla izquierda, un no. Girar el abanico en la mano derecha significaba que estaba enamorada de otro.

El hombre cortejaba a la mujer con elegancia y caballerosidad, ella aceptaba la conquista y el romance. Era el piropo silencioso entre ambos.

Con los años las cosas han cambiado radicalmente. Hoy nos enfrentamos a una guerra de sexos, en donde el piropo es grosero y llega al punto del acoso, mientras que la mujer es severa y agresiva.

Las mujeres ya no estamos acostumbradas a que nos abran la puerta del auto o a que nos corran la silla para sentarnos. Llegamos al grado de ser tan autosuficientes que un acto de caballerosidad nos parece una ofensa.

Estamos en una época en donde el mayor piropo está en un emoticón de una cara amarilla con un beso en forma de corazón, pero si se trata del hombre incorrecto, podríamos considerarlo como acoso.

Tanto nos hemos perdido el respeto que los roles se han revertido y desaparecieron los códigos de entendimiento entre hombres y mujeres para llegar a una relación sin necesidad de un enfrentamiento verbal o físico.

Si la mujer decide “lanzarse” y decirle a un hombre que está interesada en él, probablemente la considerarán una mujer fácil. Si el hombre invita a la chica a salir, ella piensa que posiblemente quiere algo más que sólo convivir.

La legislación ha avanzado tanto en el mundo para proteger a las mujeres que muchos hombres se sienten amenazados. De por sí era difícil que mostraran sus sentimientos y ahora los esconden tras un celular o un juego de Xbox.

Cuando los gobiernos nos hablan de progreso y modernización, debería significar que vamos para adelante, pero hay cosas en donde esto significa retroceso, porque junto con ello perdemos el respeto.

En el mundo existen hombres irrespetuosos y mujeres que utilizan el feminismo como un arma de ataque, pero tenemos la oportunidad de retomar lo bueno del pasado: el romance y la caballerosidad.

Recuperemos el piropo silencioso, el cortejo, y estemos dispuestos a aceptar con cordialidad cuando recibamos esa señal –la de un hombre o una mujer–, para decir que no es la persona ni el momento.

Twitter @jesyrosales
Email jessicadresh@hotmail.com

Jessica Rosales

Soy periodista, jefa de familia y orgullosa mamá de un niño de 8 de años. Tengo 17 años en el ejercicio periodístico y hace 5 años me di a la aventura de fundar mi propia Agencia de Noticias UNIMEDIOS de la que soy Directora General. Actualmente también conduzco el noticiero Capital Noticias en Saltillo, Coahuila. Me apasiona escribir y elaborar análisis de diversos temas. Tengo una columna de opinión en El Heraldo de Saltillo y La Otra Plana.

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