El secreto de las emociones en la comida

"Sentí como de mi corazón brotaban semillas de tomate maduro."

Por Ivonne Orozco 

No somos un cuerpo orgánico que come. Somos un alma que alimenta y pide que su espíritu se nutra. La sensibilidad no debe perderse ante este acto de trasmisión, de bondad, de amor sublimemente generoso. La salsa puede hablar de un erotismo oculto a través de esta relación sexual entre el molcajete y la mujer. Del enfado ante el machismo y machucar el chile de manera intensa hasta reventarlo, exhibe una revelación de frustración y placer, el candor e incluso el enojo… comiste gallo.

El tocamiento, la alquimia, el milagro de la transformación, la sensibilidad y el regocijo. Elementos de la naturaleza, las estaciones del año, la conexión con la madre tierra, las temporadas, los árboles y surcos marcados por manos campesinas. El mar y su inmensidad, el reflejo azul del cielo en sus aguas dan alimentos extraordinarios y puros. La tierra benévola. El proveer de los hombres: la caza.

Así este laboratorio de emociones produce el pan de cada día. Se constituye la mesa y la silla como el referente de unidad más confortable de la humanidad, donde sensaciones y emotivas historias conforman la hora de la comida.

La receta es: conoce, palpa, transforma, crea, transmite, date el tiempo, ve al mercado, escucha melodías, vibra. Date en cada cucharada, pon tu esencia, tu toque amoroso. Esa es la verdadera cocina, una cocina sensible, respetuosa y por supuesto llena de amor.

Ivonne Orozco

Nací en la Ciudad de México, de raíces Oaxaqueñas por parte de mi madre. Tengo una carrera trunca en leyes y he escrito por años fábulas y textos de cocina. Soy fiel lectora de la historia de México, tengo 30 años en la cocina y 44 años de edad.

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