Cómo se desarrrolla la confianza en los niños

Para ser un adulto independiente y seguro debió haber sido un bebé dependiente, apegado, sostenido, en pocas palabras AMADO. ~Sue Gerhardt

Por Deniss Charles

El psicólogo Erick Erikson, en su Teoría del desarrollo de la personalidad, denominó confianza básica al sentimiento de seguridad que adquiere el niño en su vínculo con los demás y con él mismo. Desde antes del nacimiento hasta aproximadamente el año y medio, los padres son los responsables del desarrollo de esta confianza.

Desde que un bebé se encuentra dentro del vientre materno, por el sólo hecho de existir, tiene derechos y necesidades y a medida que éstos son cubiertos y respetados por los padres, el bebé empieza a construir su confianza básica.  Las emociones de la madre durante el embarazo son percibidas por el bebé; él siente lo que su mamá siente y a partir de esas emociones percibidas, el bebé empieza a tomar decisiones importantes sobre el entorno que lo rodea. Si los sentimientos de la madre son de miedo, rechazo, incertidumbre, etc., el bebé podría sentir que el ambiente que lo rodea no es seguro; pero si, al contrario, la madre siente felicidad, amor y constantemente le habla con cariño a su bebé; él sentirá que el mundo que lo rodea es un lugar seguro para desenvolverse.

La manera en la que un bebé llega al mundo también es determinante para las decisiones que se forma sobre su entorno; por ejemplo, si nació de manera violenta o amorosa, si fue alejado por mucho tiempo de su madre o recibió contacto de manera inmediata, etc. Estas decisiones que el bebé se forma las hace de manera pre verbal y se quedan grabadas en su subconsciente como huellas que determinan la manera en que se desarrollarán y construirán su confianza más adelante.

Durante el primer mes, el bebé se encuentra en un estado de simbiosis con su madre; él no comprende que es un ser separado a ella; aún no aprende a fijar su vista y necesita estar literalmente pegado a su mamá. La única necesidad del bebé es “necesitar” por lo que los padres, pero sobre todo la madre, deben cubrir su necesidad de dependencia. Un bebé al necesitar a su madre para ser alimentado o simplemente para sentir su calor, generalmente llora para que sea cubierta esa necesidad; si los padres responden de manera inmediata, el bebé se sentirá seguro y fomentará su confianza. Si, por el contrario, cuando el bebé empieza a llorar y los padres lo ignoran porque así no se “mala acostumbrará, embracilará o aprenderá a chantajear”, el bebé tomará la decisión de que su necesidad no es importante, por lo que podría cambiar su comportamiento (intensificar el llanto, por ejemplo) hasta que simplemente bloquea su necesidad y la deja aparte y simplemente dejará de llorar. Aquí es cuando los padres piensan que su hijo aprendió a “comportarse” y como ha dejado de llorar ahora sí le ofrecerán lo que necesita. Pero ¿qué sucede con ese bebé? Inconscientemente toma la decisión de que el entorno no le brindará lo que requiere y por lo tanto es un entorno inseguro en donde sus necesidades no son importantes; hay una herida de rechazo y abandono y estas huellas o secuelas son determinantes en la vida adulta.

Un bebé desde que es concebido y hasta su primer año de vida, va formando su confianza básica. Y un punto sensible de la confianza es precisamente durante sus primeros años de vida en donde depende de sus padres para sobrevivir y en donde más requiere vínculos, cariño, atención, abrazos, ser cargados y atendidos a cada momento.

Después de los siete años, surge un segundo desprendimiento (el primero fue al momento de nacer); el niño entra en la etapa del “no retorno” en donde está dejando atrás su primera infancia de vinculo y protección y puede comenzar a sentirse inseguro. En esta etapa, los padres deben cimentar la confianza en otro nivel ya que lo que quedó inconcluso al nacer y durante el primer año de vida, vuelve a surgir en los niños y traer consigo cambios en su comportamiento; por tal motivo, los padres deben ser intuitivos para volver a construir la confianza de sus hijos.

Durante la adolescencia, es característico de los jóvenes el revelarse ante lo conocido (los padres) para encontrarse a sí mismo y pueden sentir que lo que hay dentro de ellos no los están sujetando de la misma manera como lo hacía antes y empieza a surgir en ellos desconfianza. Los adolescentes necesitan la presencia y la firmeza de los padres, pero, sobre todo, necesitan enfocar su energía en actividades que les apasiona e invitarlos en experimentar actividades nuevas que los inviten a salir de su “zona segura”.

 

Hay varios componentes para cimentar la confianza en nuestros hijos, algunos de éstos son:

  • Capacidad de tomar riesgos: debemos ayudar a los niños a probar cosas nuevas y que no se queden en su zona de confort. Como, por ejemplo: hacer actividades nuevas o probar alimentos nuevos. Esto también fomenta en los niños la creatividad.
  • Capacidad para manejar la tolerancia a la frustración: conforme los niños crecen, se enfrentan a diferentes problemas. Los adultos tenemos que ayudarlos a que solucionen sus problemas y no resolvérselos.
  • Límites:los límites dan seguridad y contención a los niños. Los padres sólo deben de establecer límites que los niños necesiten para estar protegidos. Los límites deben ser establecidos con amabilidad y firmeza; en donde no haya permisividad, pero tampoco rigor. Si desde al principio establecemos rutinas que respeten las necesidades de nuestros hijos, estaremos creando hábitos y no será necesario implementar demasiados límites.
  • Mensaje de amor:es importante hacerles saber a nuestros hijos, de manera diaria, lo especiales que son en nuestras vidas, que los amamos y que son importantes para nosotros.

Si nuestros hijos se sienten amados, tomados en cuenta y les hacemos saber lo especiales que son en nuestras vidas; crecerán con la decisión de que se encuentran en un entorno seguro y amoroso, en donde pueden pertenecer y ser importantes; crecerán con la confianza de que podrán resolver problemas por sí solos y tendrán la capacidad de enfrentarse a nuevos retos; adquirían sentimientos de seguridad y serán felices.

Dennis Charles

Mamá de dos niñas, psicóloga con Maestría en Aprendizaje y cognición y especializada en neuropsicología infantil, certificada en Discipline Positive Parent Educator y en Encouragment Consult.

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