LACTANCIA, CRIANZA Y APEGO

Si caminamos lo suficiente, alguna vez llegaremos a alguna parte, dijo Dorothy.
– Lyman Frank Baum, El maravilloso mago de Oz

Por Clara Zapata Tarrés


Tengo pocos recuerdos de la infancia. Unos buenos, otros no tanto. Hoy recuerdo y revivo lo que me estruja el corazón…Tenía cuatro años y acabábamos de llegar a vivir a una nueva casa. Todos los días, sentada en una silla de bejuco, veía a algunos vecinos jugando y me llamaba la atención Jimena, una niña de tres, con unos cabellos de ricitos de oro y con unos ojos azules como el cielo. Un día, saqué dos sillas y Jimena vino a sentarse conmigo. Desde ese día hemos estado juntas, jugando, aprendiendo de la vida y aunque no nos veamos ya casi nunca, cuando lo hacemos, nos reímos de los chistes, de las tragedias y celebramos con carcajadas cada reencuentro. Juntas caminamos, fuimos a la misma escuela, descubrimos nuestra sexualidad, nos emborrachamos, fuimos cómplices de los primeros besos, tuvimos bebés casi al mismo tiempo y decidimos amamantarlos y criarlos de formas muy similares, con mucho amor y sobre todo muy respetuosamente. Siempre me pregunto qué es esto de criar respetuosamente, porque a veces la línea es bastante delgada y las mentiras, los chantajes, los premios o las condiciones nos pueden atraer de mil formas, simplemente porque son soluciones que no nos comprometen y que en teoría son fáciles. Jimena y yo lo intentamos hasta hoy…

Hace algunos años, me acompaña otro recuerdo como este. Fui a un grupo de apoyo de lactancia y encontré los ojos de Laura. Igual que a mis cuatro años, nos miramos, no hablamos mucho pero poco a poco y después de muchas horas de sabrosas, tristes y alegres pláticas llenas de sinceras palabras y sobre todo de montones de empatía, logramos abrazar una amistad como pocas. Compartimos juntas unas hermosísimas lactancias, unas historias de parto muy intensas y un día, ella se aventuró en el mundo de la hoy ya “famosa”, disciplina positiva. Me invitó a un taller que ella facilitaba y cada día, aunque no muy estructuradamente, hago el intento de cuestionar las disciplinas que veo en mi vida cotidiana y en la de las demás personas que me rodean. Hoy, después de trabajar con bastantes ganas y mucho esfuerzo, con el constante acompañamiento práctico o espiritual de mi querida amiga, veo que es una tarea compleja pero que con el inmenso amor que podemos regalar, vale la pena en todos los sentidos.

Estos dos recuerdos me llevan a preguntarme qué tiene que ver esto con la lactancia, con la libertad y la crianza con apego. Amamantar, todos lo hemos escuchado, leído, platicado, aporta nutrientes, defensas y es muy saludable y ecológica. Pero algo de lo que pocos hablamos es de las otras cosas que tiene y que se aprende de maneras bastante inconscientes o implícitas. Cuando amamantamos a un bebé aprehendemos códigos culturales, conocemos sus necesidades sin pensar mucho, sabemos por algún sonido o mirada que nuestro bebé está contento o triste, o incluso, a veces, hasta refleja nuestro propio sentimiento. Nos ayuda a conocernos interna y emocionalmente. Conforme pasan los meses, vamos descubriendo juntos nuevas maneras de comunicarnos y es, digamos, cada vez más sencillo percibir y adivinar lo que desea, lo que sufre o preocupa y lo que disfruta. Para celebrar, amamantamos; para consolar, amamantamos, para relajarnos de un día arduo o desacelerar el ritmo, amamantamos; para querernos, amamantamos. Existe telepatía, pues!

Así es, el pecho es todo para nuestro cachorro, grande o pequeño y para nosotros también puede serlo. Y después, durante los procesos de destete, vamos descubriendo nuevas formas de amar, de resolver conflictos, de consolar con toda esta historia de miradas cercanas, de tactos inolvidables, de risas nocturnas y de celebrar el placer de amamantar y de alargar para finalmente soltar despacito este cordón que nos unía tan profundamente… Y aquí comienzan algunos retos… Continúa esa unión pero necesitamos aprender nuevas ideas y crear otras con mucha imaginación, juego e inventiva…

Amamantar y criar con respeto e igualdad/libertad es una elección. Y como todas las decisiones que tomamos, implican retos, metas, contradicciones y trabajo. Puedo elegir si amamanto o no; si trabajo y me extraigo o no; puedo elegir ayudar, abrazar o intentar comprender a mi hij@ que hace una pataleta en medio del supermercado o decirle que se calle o pegarle o ignorarlo; puedo decidir en un momento de crisis y en un momento de amor qué hacer. Puedo cuestionarme sobre mis propias creencias, costumbres o contradicciones o dejarlas pasar. La libertad trata sobre decidir y siempre tengo la oportunidad de quedarme como estoy o sentirme incómod@ y cambiar las cosas. Por ello es un gran reto. No cualquiera se atreve. Cambiar implica asumir que la creatividad y la paciencia tendrán un lugar muy importante en mi camino. Para criar así, con todas las bondades y desafíos, empezar amamantando suele ayudar. Todas estas son decisiones plurales muy íntimas…

Para facilitar mis pasos, quizás sola pero mejor acompañada de amigas o amigos, tendré que preguntarme: ¿Estoy lista?; ¿Estoy dispuesta a asumir las consecuencias?; ¿Si hago un esfuerzo, si cambio mis rutinas, si me hago preguntas, estaré más contenta?; ¿Vale la pena? Y ahí, encontraré más luces que me guíen en este hermoso sendero… ¿Nos aventamos?

Clara Zapata

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