Acerca de la navidad

por Liliana Contreras Reyes

Aunque cada año hablo o escribo acerca de lo mismo, la época navideña me lleva a la reflexión acerca de los regalos. Esta vez no es la excepción, más teniendo dos hijos pequeños, que reciben presentes de los abuelos, tíos y, por supuesto, de Santa.

Las preguntas: ¿necesitan este juguete? ¿Necesitan tantos juguetes? ¿Debemos darles todo lo que piden a Santa? ¿Soy una villana por hacerlos desprenderse de un tanto que ya no sirve o ya no es para su edad? ¿Es normal que el piso esté inundado de tantas cosas? ¿Pueden entender que no abran un regalo porque está repetido?

Sé que las respuestas son: no, no, no, no, sí y sí. Sin embargo, no se dan de forma tajante, sino que cada una lleva un proceso de entendimiento por parte de mis pequeños.

No necesitan este juguete. Para ChuyCarlos desde muy pequeño ha sido sencillo comprender las cosas. Si le explico que tal o cual juguete no lo va a disfrutar por una razón,  no tarda en dejarlo de lado. Por ejemplo, le regalaron una pistola de dardos y le expliqué a los 2 años que no era un juguete bonito, que no me gustaba porque podía lastimarse o lastimar a alguien. Con Nicolás, el proceso es diferente. Además de explicarle, necesito hacer un intercambio del juguete que considero que no necesita por otro que sea de su agrado.

No necesitan tantos juguetes. ChuyCarlos me dio una vez más una lección. Me dijo que quería mandarle un regalo a Ryan, el niño del canal de YouTube. Yo le pregunté: ¿qué podríamos regalarle a Ryan, si se la pasa abriendo juguetes? Entonces me dijo: “mamá, ¿y si me metes en una caja y me pones un moño? Así, Ryan tendría dos amigos. Uno de su escuela y yo” (lágrimas de la mamá).

Santa no trae todo lo que piden. Este año en particular el Santa de nuestra familia estuvo “muy flaco” porque no teníamos dinero para ello. Mientras poníamos el árbol o cuando hacían una y otra vez su carta, les dije que Santa elegiría lo que ellos más quisieran, pero que no sabíamos qué nos iba a traer. En realidad, no necesitaban explicación. ChuyCarlos pidió un dinosaurio de peluche, que luego cambió por un Thor, y Nicolás pidió un carro o un robot. Problema que ya saben que el próximo año quieren una casa de árbol, así que necesito empezar por el árbol porque no hay dónde ponerla.

Deben desprenderse de lo que ya no sirve, no usan o está roto o incompleto. Lo hicimos dos veces este año y ambos entendieron que había cosas que ya no sirven o que podían regalar a otros niños. Hicimos la “biblioteca” de juguetes y de vez en cuando van por alguna cosa que recuerdan, según lo que estén jugando. Lo que he visto es que aprecian más un solo juguete: Nico pasa días con un muñeco con el que duerme, come, se baña, lo lleva a la escuela y disfruta al máximo. ChuyCarlos tiene sus preferidos por temporadas, ahorita son los personajes de Avengers, con los que planea una serie de historias. Para ambos, el mejor juego del año fue construir casitas usando sus cobijitas y todos los accesorios que pueden imaginar con las cosas que hay en su cuarto. ¿Quién no jugó a eso?

Puede haber juguetes en toda la casa. Entre mis sábanas, porque un día se les ocurrió hacer una cueva entre ellas; adentro de mis zapatos, porque andaban jugando a las escondidas; en la regadera, en la sala, debajo de los muebles, en el patio. Creo que sí es normal, pero, al menos una vez por semana, recogemos y acomodamos todo nuevamente en su juguetero. Subimos algunos arriba del clóset, dejamos los más usados a su alcance y unimos todas las piezas de cada uno de ellos para que sigan funcionando.

Un regalo repetido está de más. Ocurre en sus cumpleaños y en Navidad. Este año tuvimos dos Black Panther y ChuyCarlos, sin decirle nada, dejó uno cerrado. Le regalaron unos cuadernos y plumas (porque ha descubierto la maravilla de las letras) y, de inmediato, le dio uno a su hermano. Nicolás no lo dice, pero cuando ve dos iguales, reparte uno con su hermano.

Anoche, después del ajetreo, la cena y el nivel de euforia, llegamos a la casa. Nicolás se quedó dormido en el carro y ChuyCarlos se esperó porque quería llegar a jugar todavía un ratito más. Mientras acomodaba a sus muñecos nos dijo que estaba muy emocionado y que le había gustado la Navidad.

Sé que fue una época feliz para ellos, claro que por haber recibido más juguetes de los que venían en su carta y también por:

*tener su árbol de navidad de dinosaurios que nos arregló la abuela.

*jugar como locos con sus primos: primero con Naty, Rodrigo, Mía; luego con Isa, Jose, Mary,  Alina, Tadeo, Lucrecia.

*ir en la mañana a jugar a casa de los abuelos.

*pegarle a la piñata.

*ver las luces de los cohetes de los vecinos (sí aunque estén prohibidos).

*prender una luz de bengala.

*haber jugado a la rebatinga.

*aprender a batir la harina, para hacer pasteles.

*pensar en qué puede comer Santa.

*darle regalos a los demás.

*comer galletas en forma de pino y mota de nieve.

*ver fotos de la nieve en Arteaga (porque no fuimos).

*ver los adornos que hay en la calle.

*tener vacaciones.

*dormir una siesta juntos (los cuatro).

En lo personal, me gusta la Navidad. Como  mamá me preocupa enseñarle a mis hijos que disfruten lo esencial. Sin embargo, siempre son ellos los que me enseñan que  los adultos damos un sentido erróneo a las cosas. Ellos están preparados para vivir y disfrutar de estas fiestas a plenitud.

 

 

diciembre 25, 2019

Liliana Contreras

Psicóloga y Licenciada en letras españolas. Cuenta con un Máster en Neuropsicología y una Maestría en Planeación. Se dedica a la atención de niños con trastornos del desarrollo. Fundó el centro Kua’nu en 2012 y la Comunidad Educativa Alebrije en 2019. Ha publicado en la revista La Humildad Premiada, Historias de Entretén y Miento, La Gazeta de Saltillo, en los periódicos Vanguardia y Zócalo de Saltillo. Colaboró en el libro Cartografía a dos voces. Antología de poesía (Biblioteca Pape & IMC, 2017) y en el Recetario para mamá. Manual de estimulación en casa (Matatena, 2017). Publicó el libro Las aventuras del cuaderno rojo (IMCS, 2019), Brainstorm. Manual de intervención neuropsicológica infantil (Kuanu, 2019) y, actualmente, escribe para la revista NES, en la edición impresa y digital.

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