EL REINO DE LA DIOSA AZTEPAYATL

Por Dona Wiseman

La “nueva normalidad” está tocándonos la puerta.  Regida por la Diosa Azteca, Aztepayatl, junto con su dualidad, el Dios Aztepacatl, es un tiempo de incorporarnos a la vida con los riesgos que ésta conlleva.  Pero ¿no es así como siempre hemos vivido?  ¿Será que la vida se ha puesto de pronto más arriesgada?  En mi infancia la comida procesada era considerada una excelente opción nutricional, y fumar no causaba riesgo alguno.  En la infancia de mis hijos andar como cabras sueltas de nogalera a granjita a arroyo era sano.  No es real que no había peligro. Ahora cosas tan comunes como las velitas de un pastel de cumpleaños tendrán que ser tratadas de una manera distinta.  Estos procesos de aprendizaje y ajuste no son nuevos, y de una vez seré directa.  Me parecen horrorosos los pasteles de cumpleaños en forma de virus verde.  Y se acerca mi cumpleaños.  Mejor les aclaro que no como pastel y háganle como puedan.  Pero volvamos a las deidades regentes del “mundo nuevo” al cual amaneceremos mañana 18 de mayo de 2020. 

Hay cosas que he percatado en mi estancia en casa de 2 meses (una de ellas es que después de 2 meses de no verla, no reconocí a mi hija – claro, traía cubrebocas y así, pero cómo quiera, ¿qué pedo con eso?).  A pesar de estar evidentemente un poco distraída, en realidad estoy mucho más relajada.  Aunque no parezca, he bajado mi ritmo de trabajo mucho.  Y no, nadie, ni yo, sabe cómo hago todo lo que hago.  Es un misterioso fenómeno que he sospechado tiene que ver con el desdoblamiento del tiempo y de la energía, pero Uds. no están listas para esa conversación.  ¡Jajajaajajajajajajaja!  En este caso no es que le haya bajado tanto la cantidad de trabajo, pero sí el ritmo.  Tengo 2 días con una pila de sábanas y toallas por doblar, pero en este momento mi café y la columna son más importantes.  La columna ya va tarde.  Aparte, son las cosas que se me apetecen.  ¡Mentira!  Se me apetece estar tirada a un lado de una alberca y que un mesero me traiga el café.  Dicho de manera congruente: dentro de las cosas que están pendientes y disponibles, café y la columna son las actividades que en este momento se ajustan a mis necesidades y disposición. 

Hay otros ejemplos de mi “nueva normalidad”.  No programaré ya 5 sesiones de terapia seguidas.  La “sanadistancia” que comúnmente he mantenido en lugares públicos y privados, y que no era por cuestión de contagio, sino porque a veces me incomoda estar tan cerca, será común y yo estaré sumamente complacida.  Ahora, si me porto de manera antisocial, llevará la culpa Susana.  Y por cierto, hablando de antisocial y cosas así, soy muy miedosa.  Para las que no conocen mi casa y mi estilo de vida, es poco frecuente que alguien llegue a tocar la puerta.  Tampoco suena mi teléfono.  Nunca, o muy rara vez, llega alguien improvisadamente a mi casa (razón por la cual puedo justificar que no haya reconocida a mi hija, ¿quién le manda?).  Durante este tiempo, y seguramente en el nuevo reino mundial, si alguien toca la puerta de mi casa de noche, entiéndase después de haberse puesto el sol, yo entro en pánico.  Para las que me aman, ¡no lo hagan!  Anúnciense por favor.  De la sala (a 2 metros de la puerta) corro en chinga a mi recámara y grito por la ventana, “¿Quién?”  Podría gritar por la ventana de la sala, pero ¡no!  Los Dioses de la Nueva Normalidad no me han aclarado si esto es algo permanente, o si es un trauma temporal que me han causado las imágenes de pasteles verdes en forma de virus que vienen a invadir mi espacio.

En la “nueva normalidad” sabemos (y para quienes no lo sabían, les aviso) que seguirá habiendo brotes de COVID192021222324, y así.  Eso no significa que tendrás que vivir siempre en cuarentena (mi mente da flashazos de “Mad Max” y “Waterworld” y otras películas postapocalípticas).  Significa que sabremos darle su lugar a este nuevo habitante de nuestro mundo.  Yo confío en mi sistema inmunológico.  La verdad es que siempre ha sido una maravilla y no tengo porque pensar que, con las atenciones debidas, no siga así.  Observo que un gran número de personas y familias han tomado hábitos más sanos desde la cocina y la atención a su entorno, volviéndose hábiles, creativas y productivas. Creo que pronto podrán (porque yo no puse) quitar las cubetas de agua con cloro de las puertas de sus casas y volver a colgar sábilas, ojos de Dios, cristales de cuarzo blanco y cosas de brujería normal.  Y para las que están incursionando en el nuevo negocio de mascarillas bordadas y con piedritas, ¡aprovechen!

En el mundo regido por la Diosa Aztepayatl, creo que tenemos la opción de ser más considerados con otros.  A mí me resuena constantemente, “Y ¿qué tal que yo contagie a alguien?”  También algunas personas nos hemos hecho muy conscientes de las posibles necesidades de otras personas.  Confieso que llegué al punto en que, en la semana que acaba de pasar, mis recursos solo cubrieron lo necesario.  Sería una enorme bendición que ese “necesario” nos fuera claro y aceptable, un “necesario” más básico y menos ostentoso, y a la vez satisfactorio.  En esta “nueva normalidad” tal vez no podremos sostener el hábito de solucionar lo de otros, o tal vez sí.  Es posible que la Diosa Aztepayatl nos enseñará a muchas a reconocer cuando ya no podemos, y a pedir ayuda, o cuando menos a decir “no puedo ayudar con eso ahora, estoy resolviendo lo propio.” 

mayo 18, 2020

Dona Wiseman

Psicoterapeuta, poeta, traductora y actriz. Maestra de inglés por casualidad del destino. Poeta como resultado del proceso personal que libera al ser. Madre de 4, abuela de 5. La vida sigue.

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