ESPEJITO, ESPEJITO

Por Miriam Valdez

“No es lo mismo el espejo que su reflejo. No es lo mismo ser que parecer.”
Claudio Naranjo.

Tengo un espejo en el que amo mirarme. Mi tez se ve lozana, mi cuerpo esbelto, mis ojos brillantes, mis arrugas apenas perceptibles, mis canas reflejan matices de tenue luz, mi sonrisa enmarca la escena y la magnifica, la engrandece: me siento bella, hermosa.

Ese espejo está en mi habitación. En él me veo cada mañana forzosamente, así, recién levantada en esa versión no tan favorecida que tenemos todos (o que nos hicieron creer que no era ideal gracias a la pantalla grande y ahora, en los famosos tik toks y reels de los influencers).

En ese espejo me observo a medio día, en medio de la prisa y del vaivén de lo cotidiano. Me sonrío, me gusta lo que veo, me apruebo a través de un pensamiento pasajero, mis ojos se iluminan; ¿así lo harán con quién me observa en mi andar?

Al espejo recurro por la noche, para finalizar mi día. Si estuvo el maquillaje en algún momento, se esfumó, así, paso a paso conforme develo mi verdadero yo a través de un algodón. Ahí estoy de nuevo, sin máscaras, sin poses. Me observo, mientras me regalo cinco minutos al hacer mi rutina de belleza, es un momento íntimo y propio, mío y de nadie más. Me vuelve a enamorar lo que veo, así, imperfecta, con ese reflejo de luz tan preciso que nuevamente me recuerda lo que soy. Curiosamente en ese espejo no tengo defectos, no perceptibles a mi vista.

Son pocos los espejos en mi andar que me reflejan así como éste. El resto de los espejos de la casa, e incluso los tan desafortunados que me topo en tanta tienda, me reflejan defectos que son inevitables ver a mis casi cuarenta y cinco. No es la edad, lo sé, es la percepción. Así que recurriré a mi espejito espejito cada vez, es preciso y urgente continuar amándome incondicionalmente como hacía cuando los años no habían hecho de las suyas.

Tendré el valor y la determinación de verme en ese espejo detenidamente, varias veces al día, para recordarme cuán maravillosa soy. Si el resto de los espejos refleja mis demonios, los enfrentaré día a día en mi espejo mágico, así como el del cuento de Blanca Nieves, hasta que la convicción de que soy suficientemente hermosa se quede tatuado en mi inconsciente y vuelva a fluir como navegaba antes, sin importar eso que llaman el paso del tiempo.

Lo mismo he hecho y seguiré haciendo con la gente que me rodea. A las personas que me hagan sentir apreciada y valiosa, volveré incansablemente, sin juicios ni ataduras, aún cuando perciban la infinidad de defectos que me cargo y los acepten como parte de mi bagaje. A las personas que me reflejen demonios y energía negativa, que se empeña en ver lo “malo” que viene en mi empaque original, no las voltearé a ver ni les dedicaré alguna contemplación, se quedarán fuera de mi campo de visión.

¿Le estaré jugando al ciego? ¿Estaré siendo pretensiosa y arrogante, falta de humildad? No lo sé, sólo sé que al mirarme en mi espejo y rodearme de gente que da un propósito en mi vida, me recuerda el profundo amor que existe al aceptarnos así, tal cual somos y en lo que nos vamos convirtiendo.

Miriam Valdez

Soy mujer, madre de tres, esposa de uno. Licenciada en diseño gráfico, máster en administración, comunicóloga de clóset. Amante de la lectura, de la cocina y de la naturaleza. Escribo desde muy pequeña como una forma de reflexión y expresión sin grandes pretensiones. He llevado mi vida por muy diversos caminos y fases. Inicié una vida profesional en el sector privado alcanzando puestos importantes y decidí dejarlo para vivir mi maternidad más de cerca. A partir de ese momento he emprendido negocios, me involucro en proyectos que me representen reto, ingreso y diversión. Mi búsqueda constante: el balance. Mi mayor satisfacción: ser madre.

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