Amor de papá

Por Clara F. Zapata Tarrés

Acaba de ser el día del padre. No todas tenemos papá presente. No todas tenemos papá de nuestras hijas y nuestros hijos. Hay una relación compleja con esta figura. No conozco casi ninguna que sea equilibrada, serena o pausada.

Tengo un amigo que nos hizo hacer un ejercicio interesante la semana pasada. Puede ayudar a sanar poco a poco este vínculo y puede brindarte un regalo para crear uno nuevo, renovado, sano.

Toma una foto que tengas de cuando eras bebé, niña o adolescente en donde aparezcas con tu padre. O tómala incluso de cuando eres adulta, hoy.

Mírala por un rato y comienza a poner en presente los recuerdos que tengas de ese momento en que alguna persona hizo sonar ese click de las cámaras antiguas. ¿A dónde te lleva? ¿Qué te hacer recordar a detalle? ¿Qué olor, qué colores, qué sonidos se presentaban en ese paisaje o en esa habitación? ¿Qué semblante había en tu cara, alegría, seriedad, tristeza, asombro? ¿Cómo se veía tu papá, cómo estaban sus manos, su mirada tenía alguna característica especial?

Poco a poco empezarán a aflorar las emociones y los sentimientos. Nómbralos. Describe lo más detalladamente posible lo que va pasando en tu corazón. Intenta seguir ahí. No dejes que los pensamientos o que tu mente se meta a juzgar o a emitir una opinión. Deja que el sentir venga. Invítalo. Puedes escribirlo en una hoja o simplemente irlo grabando en la memoria.

A pesar de que las circunstancias, de que tal vez tu historia con tu padre no sean las que deseabas, de que se dieron momentos de sufrimiento o desacuerdo, de repente aflorarán recuerdos suaves. Quizás sobre una noche de verano viendo las estrellas en el campo; tal vez sobre la letra de canciones que cantaban juntos, sobre las tardes leyendo un libro o escuchando música; puede ser que aparezcan recuerdos de un abrazo, una palmada en tu espalda, una caricia en tu cabeza, alguna frase que él repetía o simplemente una mirada de ternura.

Atesora este momento y haz el ejercicio de perdonar. Lo importante que sucederá es que aparecerá una sonrisa en tu cara. Y el perdón es hacia ti misma, hacia lo esencial que empieza a sanar en presente. Te invito a hacer esta introspección que, sin duda, ayudará a que sea el inicio de una manera distinta de sentir e interpretar este vínculo.

Yo recuerdo a mi padre muy autoritario, muy exigente en términos académicos y muy terco a la hora de que sus expectativas se cumplieran. El proceso de sanación ha sido complejo porque es difícil exigirle a una persona que cambie. Es bastante imposible. El cambio, después de años de terapia, viene de nosotras mismas. Y la verdad es que la frase “si tú cambias, lo de alrededor cambia”, es totalmente cierta.

Maduramos, podemos separar un poco lo que pasa en nuestra mente y en nuestro corazón y ya no sucumbimos tanto a las heridas del pasado. Podemos estar más presentes. En este sentido, logramos indagar en una nueva relación y al final es bastante asombroso lo que sucede. Yo nunca imaginé que la relación con mi padre podría cambiar. Sin embargo, el 2 de diciembre del 2023, mi madre murió. Ese día mi papá y yo comenzamos una nueva historia. Y gracias a mi trabajo personal y a que sus expectativas sufrieron un terremoto interno, él cambió. Se dio permiso de sentir. Nunca lo he visto llorar más en toda mi vida. Estos casi 3 años que siguieron a la muerte de mi mamá, han sido una grata sorpresa. Lo que yo esperaba desde que tengo mis primeros recuerdos infantiles, es que él se permitiera aflorar sentimientos y ser sensible. Hoy a sus 83 años lo está logrando y esto me ha permitido crear y recrear una relación completamente inesperada, inimaginada.

Hay trabajo por hacer. Necesitamos partir de la curiosidad, de tener ganas de conocer esas otras facetas, y entonces, aprender, pero también desaprender lo que no nos gustaba y estaba como incrustado en nuestra historia con nuestro padre. Hay esperanza. Y otros caminos son posibles.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here