Quiero cambiar al mundo – DONA WISEMAN

Siempre he dicho que la mayor satisfacción para mí como madre es ver a mis hijos convertidos en personas. Me refiero a la enorme satisfacción que sentí esa mañana cuando mi hijo, con quien he tenido más de un conflicto, me dijo, “Me falta un año para comprar mi casa”. Ese comentario implica la aptitud de aguantar un empleo, de pensar hacía el futuro, y una determinación de vivir la vida como él desea vivirla, aun cuando su madre no esté de acuerdo.


Una generación heredamos el mundo de manos de la anterior y lo pasamos a la que sigue. Las condiciones del mundo que estamos dejando pueden ser valoradas de muchas maneras, para bien y para mal. Para cambiar el mundo, las madres no sólo tenemos influencia directa en el que nosotras heredamos de la generación anterior, sino que, a través de nuestros hijos, seguiremos influyendo en el mundo. No sabemos de qué manera. No sabemos si las siguientes generaciones tendrán nuestras convicciones y creencias o si bien descubrirán ideologías mejores, pero sabemos que seguirán construyendo.


Hay un concepto que se llama co-creación. Es por medio de este don divino que los seres humanos colaboramos en la construcción del mundo. Un ejemplo es la mariposa. Ella va de flor en flor. Su instinto es sostener su propio ciclo de vida, pero al hacerlo, perpetúa las especies de las flores que toca, al llevar el polen de una a otra.  Así contemplo que nosotras como madres tenemos hijos que “volarán” por el mundo y a su paso nacerán nuevas especies de flores, nuevos estilos de vida. Y así como un buen alumno supera al maestro, cada generación tiene la encomienda de rebasar a la anterior.  Para mí la satisfacción como madre se encuentra justo en ver cómo mis hijos, cuatro en total, van abriendo su propio camino y viviendo a su manera.  Si cada generación no superara a la anterior, aún viviríamos en cuevas.


Yo quiero cambiar el mundo, y no sólo de esta manera inevitable por ser madre. Yo quiero sostenerme como mujer y sostener mi opción de trabajar directamente hacia los cambios que quiero ver en el mundo. Sí, eso implica trabajar más, doble, triple…lo que toma. Eso implica que yo, mujer, sea buscadora y que esté dispuesta a hacer el esfuerzo que exige la búsqueda y, más aún, el que exige el camino. Además, que esté dispuesta a acompañar a las demás mujeres y madres que igualmente desean cambiar el mundo. Y mi respuesta es, “¡Va!”

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