Tuve cáncer – VERÓNICA MARROQUIN

Me siento muy bendecida y contenta por esta gran oportunidad que Dios me brinda para compartirles la bendición del cáncer en mi vida. Una experiencia de vida de película, vaya que sí, donde no puedo negar que hubo dolor, tristeza e incertidumbre, pero decidí que me aferraría a la vida y al amor de mis 3 hermosas hijas Vero, Andrea y Estefanía, quienes me motivan día a día a ser mejor mujer, profesionista y mejor madre. Ellas realmente fueron el motor para curarme de esta enfermedad que ahora sé, yo misma provoqué. Pensarán, ¿cómo pudo ella misma enfermarse? Verán, fue involuntario e inconsciente por supuesto, ya que mis pensamientos años atrás eran de tristeza, rencor, enojo, pues me había divorciado.

Mi organismo empezó a reproducir células anómalamente cancerígenas hasta hacer un tumor en mi seno izquierdo, que me detecté por medio de un examen muy sencillo: la autoexploración que me salvó la vida y te la pude salvar a ti y a todas las mujeres. Te aconsejo, por favor revisa tus senos cada mes.

Se preguntarán ¿qué hice al detectarme la bolita en el seno? Pues dije “Señor, gracias por este mensaje divino.” Porque un 12 de mayo del 2009 me dio insomnio, me puse a revisar mi correo electrónico y, de los más de 3 mil correos que tenía, abrí uno que decía sin senos no hay paraíso. Me llamó la atención. Era una historia de un padre que perdió a su hija por cáncer de mama que no fue detectado a tiempo, lamentablemente a los 24 años, imaginen la historia. En ese mismo correo venía cómo autoexplorar los senos y qué características anómalas debíamos de tomar en cuenta y efectivamente, tras autoexplorarme me di cuenta que tenía dos de las características que ahí mencionaban: pezón flácido y la bolita (que subía y bajaba al tacto). Fui de inmediato al médico y me operaron al sábado siguiente. A la mitad de la operación el doctor les notificó a mi madre, a mi hermana Elba y a mi hija mayor Vero, que era en efecto cáncer lo que tenía y tardaría más tiempo la operación, ya que iban a quitar los bordes y dejar limpia la zona, abrir la axila para quitar algunos ganglios inflamados y mandarlos a patología con el tumor.

Debo decirles que me hicieron un estudio unas horas antes de la extirpación, que se llama Ganglio Centinela, es un contraste que te inyectan en el pezón, sí, leyeron bien, en el pezón, ¡5 inyecciones! muy dolorosas debo decir, pero necesarias para evitar que se desarrollara otra enfermedad en el brazo llamado Linfedema, que es una obstrucción de los canales linfáticos, y el brazo se hincha mucho y es doloroso.

Después supe que mi pobre madre se puso muy mal al saber la noticia, tanto que aún al día de hoy no hemos hablado de ese momento tan doloroso para ellas tres. Para toda la familia fue muy dura la noticia, unos más fuertes que otros, cada quien reaccionó de diferente manera. Mi hermoso padre enmudeció, tampoco hemos hablando mucho del tema, pues sigue siendo doloroso, seguro que cada uno lloró en su rincón, igual que mis hijas y mis amistades queridas.

Inevitablemente llegó la hora del tratamiento a seguir: la quimioterapia, tan aborrecida para muchos y para otros lo que significó seguir vivos, como yo. Confío en Dios que pronto encuentren otra cura con menos secuelas. Sin embargo, gracias a esta enfermedad del perdón, como yo le llamo, pude liberarme de ese rencor que me carcomía el alma.

Quiero compartirles aquí algo maravilloso que me sucedió cuando sentí que ya no podría más y que podría morir por lo débil que quedaba luego de la quimio. Un día vino la iluminación: la invocación al Espíritu Santo y le pedí con toda mi fe que me sanara el alma, que sanado mi alma, sanaría mi cuerpo. Y así fue, instantáneamente quede sana, por gloria de Dios, y desde aquel bendito día soy feliz y bendecida. Claro que pasé por quimioterapias fuertísimas y radiaciones, hubo días de los que no quisiera acordarme, pero les diré que mientras la belleza física se desvanecía, mi cuerpo se debilitaba cada día más y mi cabello se caía, mi alma rebosaba de alegría al sentir la paz divina.

Hoy por hoy me dedico a ser feliz y a ayudar asociaciones sin fines de lucro, soy terapeuta familiar, escribo en un periódico de la ciudad una columna que se llama Sanando desde el alma. Espero de corazón que sepan que nada es imposible para Dios y en quien cree en él.

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