Dar hasta que duela

Irma Aguiñaga – El Refugio de los Necesitados

“Dar”, como decía la Madre Teresa, es “dar hasta que duela”. Ayudar y servir a los demás no es una actividad que se hace tal o cual día, nada más un rato, unas horas a la semana o al año. Aquellos que dedican su vida al servicio de los demás, a ayudar al prójimo, lo hacen todos los días, y sacrifican muchas cosas en el camino. Sueños, aspiraciones, tiempo con la familia, diversión, hasta dinero que pueden gastarse en ellos mismos, es algo todos estos héroes anónimos dejan a un lado sin pensarlo dos veces.

Irma Aguiñaga es una de ellas. A cargo del comedor y albergue para indigentes Refugio de los Necesitados A. C., lleva 30 años alimentando y dando asilo a muchas personas sin hogar en la ciudad de Saltillo. Comenzaron esta labor por amor a Dios y su misericordia, ocho amigas de las cuales ya sólo quedan Doña Irma y dos más.

“Mi esposo y yo teníamos asistencias en la casa cuando inició el comedor. Me levantaba a las 3 de la mañana para preparar el desayuno de las personas que asistía, más los de mi familia. A esa hora ponía lavadora, iba al comedor a avanzarle allá, regresaba, hacía las comidas de mi casa, el quehacer y me iba de nuevo al Refugio. Así todos los días.”

Doña Irma tiene cinco hijos, todos profesionistas, siempre la han apoyado. Uno de ellos, el que estudió administración turística es el que le ayuda ahora en el comedor. Aún recuerda cuando otro de sus hijos le ayudó vendiendo su carro para conseguir el dinero que necesitaban para comprar muebles, estufa, refrigerador. “No teníamos muebles, no teníamos nada, les dábamos de comer en cajas de reja.” Así empezó todo.

Ayudar a pesar de las adversidades

Muchas veces Doña Irma no tiene nada para ofrecerles, a las personas que van al Refugio, ni siquiera un plato de comida. Otras sólo les puede ofrecer un taco de frijoles o de queso. “Yo quisiera ofrecerles algo más pero no tengo. Hemos participado en fondos de coinversión de gobierno federal pero este año no nos apoyaron, que por las reglas de operación. Hemos ido al municipio, al estado, a varias instancias y no hemos recibido ayuda.”

Los recibos de agua y luz son impagables y simplemente no puede con los gastos. Al punto de que ha pensado en cerrar. Incluso una vez llegó a decirle a la gente que ya sólo serviría comidas cada tercer día. Sin embargo, ellos siguen yendo todos los días por su plato de comida.

Al terminar cada día Irma limpia, recoge y lava los trastes. Se va a su casa cerca de las 8 de la noche y en la mañana vuelve otra vez a su rutina. Don Arturo, un huésped del Refugio es quien, por el momento, se encarga de cuidar el lugar por las noches.

Atrás quedaron los días en que Doña Irma estudiaba piano en la Escuela Superior de Música, sacrificó sus sueños a cambio de la satisfacción de ayudar a otros. A veces, cuando camina por la calle y ve a alguien durmiendo en la banqueta o buscando comida en la basura, se detiene y los invita a su Refugio.

Por los que menos tienen

“Me pone triste que a veces ni la salud ni la vida le alcanzan a uno para lograr de verdad ver a menos personas pobres, o con hambre, que menos personas vivan solas, o que no tengan un hogar.”

Su sueño es que exista un lugar digno para las personas sin hogar, un espacio en donde se sientan bienvenidos, queridos, como si estuvieran en su propia casa.

Parece increíble, pero al Refugio han llegado muchas personas que en su vida alcanzaron el éxito y que por distintas causas sufrieron algún trastorno que los marcó y los dejó atrapados en su propia mente, sin tener la capacidad de funcionar como lo hacían antes. Los indigentes son personas que se encuentran en el mayor estado de carencia que puede encontrarse un ser humano. Sin embargo, no por eso dejan de ser personas que algún día tuvieron familia, hogar, trabajo y necesitan más de nuestra ayuda. Al lugar también acuden payasos callejeros, limosneros, madres solteras, vendedores ambulantes, jóvenes y niños en situación de calle, ancianos en estado de abandono y prostitutas que pasan por el centro.

En el Refugio festejan la navidad con una comida y posada, porque muchas personas no tienen ni siquiera dónde pasar esa noche. Les cocinan pavo o pollo y les regalan bolos de algún donativo. “Si alguien nos dona cobijas pues les damos su cobija también. Tenemos un grupo de voluntarios de la escuela de gastronomía que se encargan de la comida de navidad.”

Todos podemos ayudar a Doña Irma a continuar dándole de comer a toda esta gente con nuestro granito de arena “…con lo que puedan con lo que tengan. Si tienen algo de loza pues muy bienvenida porque nos hace falta loza, nos hacen falta vasos. Nos hacen falta muchas cosas, alimento”.

¿Quieres ayudar?
Refugio de los Necesitados A. C.
Múzquiz 472, entre Acuña y Xicoténcatl, Centro. Saltillo, Coahuila
Tel. (844)135-8684

enero 3, 2017

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