Cómo sobrevivir a las opinólogas

opinologas

Por más opiniones que nos den, nuestro instinto de madres es algo poderosísimo que nos ayuda a tomar las mejores decisiones sobre la crianza de nuestros hijos. Confía en ti. Lo estás haciendo bien.

Por Mayte Cepeda

Creo que la razón principal por la que me invitaron a escribir en este espacio de y para mujeres fue mi inclinación por el yoga y las actividades que se relacionan con éste. Y supongo que mis colaboraciones semanales deben guardar siempre una relación con esto.

Pero en esta ocasión no. Ahora mismo no dejo de darle vueltas a algo que ha sido recurrente en mi cabeza y te confieso que lejos de ser algo que me deje un buen sabor o pensamiento, me deja una sensación incómoda. Algo así como una queja o un reproche emocional. Me refiero a algo que muy probablemente te ha pasado a ti también, incluso puede ser que actualmente lo estés viviendo.

No sé qué nombre ponerle, pero es algo muy actual. Tal vez podría llamarlo como la era de la opinología. ¡Ahhhh! Se lee terrible, pero es peor cuando nos contagia o cuando nos ataca sin piedad. Vivimos frente a una cantidad innumerable de medios por los cuales podemos obtener información. De buena, mala o dudosa calidad, pero la información ahí está, disponible para todo aquel que desee tomarla, asumirla, creerla, desecharla, aplicarla e incluso satanizarla.

Vivimos frente a una cantidad innumerable de medios por los cuales podemos obtener información. De buena, mala o dudosa calidad, pero la información ahí está

Las redes sociales se han convertido en una herramienta de la que difícilmente podemos prescindir, y más si tu edad no supera las cinco décadas. Si durante todo un día no revisaste tu correo electrónico, tu página de Facebook, Instagram, Twitter o tus mil grupos de chats, seguro al caer la noche tendrás un poquito de ansiedad y ganas de confirmar, por lo menos, que no te has perdido de nada interesante.

A las redes sociales súmale las reuniones en vivo y a todo color en las que salen cantidades infinitas de temas y esto gracias a que, por ser mujeres, tenemos mil cosas en la cabeza, podemos hablar de un montón de cosas, compartir experiencias, recomendar recetas, terapias, gimnasios, doctores, escuelas, súper alimentos, y una lista interminable de cosas más.

El problema, y digo problema no porque juzgue que eso sea, si no porque al mezclarse con otras circunstancias que forman parte de nuestra vida, posiblemente si se convierta en un problema. Me refiero al momento en que a todas se nos da, o al menos se nos ha dado, -habrán unas más cautelosas que otras- la creencia de que poseemos verdades absolutas y opinamos sobre distintas cosas y situaciones, en las que esa opinión que soltemos, nuestras o nuestros receptores pueden interpretarla de una manera distinta a la intención con la que la soltamos, y ahí se genera un juicio sobre lo que yo dije o lo que tu entendiste.

Cada quien tenemos nuestros propios temas y asuntos diarios con los cuales intentamos lidiar de la manera que consideramos mejor. Sin embargo, si tuviste un mal día por la razón que sea y viene alguien y opina sobre algo que hiciste, para bien o para mal, seguro que no te encantará que opine sobre tus decisiones, ¿o no?

Esto puede darse mucho en el rol que nos toca asumir con nuestros hijos. Que si los tienes en mil actividades extracurriculares u optas por no atiborrarle de actividades y permites que vea tele y juegue en el parque; que si empleas determinada disciplina para lograr que duerma a sus horas, o si les lees cuantos cuentos necesite y quiera para caer dormidito; que si eres súper estricta y no le permites beber refrescos, o lo dejas que él decida lo que quiere beber. Y muchos etcéteras más. Nadie nos enseñó a ser madres. Y por eso mismo de la opinología en ocasiones sacamos beneficios y aplicamos religiosamente aquellos consejos surgidos de opiniones de otras personas, porque se convirtieron en palabras mágicas y vinieron a solucionar nuestra vida, en determinado aspecto.

Sin embargo, es importante tener presente siempre que por mil opiniones y consejos que recibas del exterior, el instinto de una mamá es una cosa poderosísima que, aunque no podamos ver o palpar, es ese ojo mágico interior que nos ayuda cuando creemos que estamos en el pozo y no logramos tomar una buena decisión sobre la crianza de nuestros hijos.

Así que ¡ánimo mamá! que como tú existimos muchas que nos topamos día a día con situaciones retadoras, en las que creemos que no podremos encontrar la solución. Sin embargo, si nos damos el espacio necesario para escuchar nuestro interior, podrán salir excelentes respuestas para disfrutar este rol de madres y asumirlo de la mejor manera. Y si al escuchar tu interior, ese mismo instinto te dice que lo mejor es pedir ayuda o consejo, entonces recurre a eso.

¡Namasté!

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Mayte Cepeda

Yogini ~ abogada ambientalista ~ mamá ~ esposa ~ hija ~ hermana ~ enamorada de la naturaleza, la vida, la familia, los libros y la música ?

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