Carta de una mamá embracilada

Por Dennis Charles

 

Mi hermosa bebé, desde el instante en que naciste te he llevado junto a mi corazón. Hubo momentos en que sentía que el cansancio me vencía, pero siempre acudía a ti cuando me necesitabas, ya sea para alimentarte o simplemente para sentirte segura en mis brazos. Desde la primera vez en que llegaste a este nuevo entorno para ti; hemos compartido todo juntas, no ha habido ninguna noche en que hayamos estado apartadas; lo confieso, las primeras noches fueron difíciles, yo acostumbrada a dormir ocho horas seguidas y tú, despertando cada hora, cada media hora e incluso cada diez minutos; sí, ha sido muy difícil, pero a la vez ha sido muy gratificante.

Has estado junto a mí en casi cada momento; me he acostumbrado tanto a ti, a tenerte cerca, a tenerte en mis brazos, a abrazarte siempre que lo necesito. Me has embracilado porque cuando no estas junto a mí, mis brazos te extrañan y te necesitan. He descubierto que mis brazos fueron hechos para cargarte y llevarte siempre conmigo; así que cuando estás lejos; pareciera no tener sentido y cuando al fin puedo volverte a tener cerca, todo vuelve a su lugar.

Las noches también para mi han cambiado, mis ojos se han acostumbrado a despertar a cada hora, ya sea porque mi cuerpo siente cada movimiento tuyo y está al pendiente de que no despiertes al no sentirme. Mi cuerpo necesita dormir pegado al tuyo para poder descansar y despertar feliz.

Ms brazos jamás se han acostumbrado a llevarte en algún carrito o carriola; ellos te necesitan sentir cerca, necesitan tu contacto, tus caricias e incluso tus pellizcos y mordidas. Están tan “mal acostumbrados” a ti, pero sólo así son felices.

Y sí, mi cuerpo empieza a tener cicatrices, y todo porque no se ha acostumbrado a tenerte lejos. Mi espalda se ha cansado y mis ojos también se ven cansados; pero mi corazón se engrandece cada vez que puedo sostenerte, cada vez que te abrazo.

Sí, me he acostumbrado tanto a ti que el día en que decidas caminar por ti misma, sin que te sostenga, mis brazos se entristecerán, pero estarán contentos cuando decidas volver a ellos. El tiempo pasa tan de prisa, cada vez te vuelves más independiente y poco a poco sé que mi cuerpo volverá a sentirse más descansado (al menos eso es lo que espero); aun así, deseo con todas mis fuerzas que el tiempo se detenga o que vaya más lento. Estoy tan embracilada a ti que me da miedo pensar en que algún día ya no necesitarás tanto mis brazos; cuando ese día llegue, sé que me seguirás necesitando, pero de otra manera. Y tenlo por seguro que mis brazos, que están tan acostumbrados a ti, siempre te estarán esperando para llenarte de abrazos, para consolarte, para amarte.

Dennis Charles

Mamá de dos niñas, psicóloga con Maestría en Aprendizaje y cognición y especializada en neuropsicología infantil, certificada en Discipline Positive Parent Educator y en Encouragment Consult.

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