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LA LOCURA DE TENER DOS HIJOS

Por Dennis Charles

Hace cuatro años, las cosas parecían más sencillas cuando sólo éramos tres en casa. Nuestras rutinas eran sencillas: llevar a la bebé con sus abuelitos mientras nosotros nos íbamos a trabajar, regresar por ella, jugar y dormir a su lado. Tan sencillo fue que no dudamos en tener otro bebé. ¿Qué podría cambiar?

Durante mi embarazo fue la misma rutina, pero ahora con los malestares típicos y la escuela de mi hija mayor. Todo cambió cuando la bebé llegó, nuestro amor se duplicó, pero nuestro tiempo se tuvo que dividir y ajustar a la nueva situación. Fue más difícil para nuestra hija mayor, ahora todos estábamos enfocados en un diminuto bebé que demandaba toda nuestra atención; fue difícil ayudarla a seguir con sus actividades al mismo tiempo que atendíamos el llanto de una beba. Antes solo nos teníamos que preocupar por una y ayudarla a cumplir su rutina, pero con otra bebé, el cumplir con sus horarios y actividades ha sido la locura total.

Ahora, los tiempos de hacer tarea con nuestra hija, llevarla a ballet, prepararla para bañarse y dormir, preparar su lunch y uniforme; se llegan a complicar más cuando tienes una pequeñita que demanda tomar leche humana a cada cinco minutos y en que un instante en que te agachas a recoger un juguete tirado, decide subirse a una silla con el peligro de poder caerse. Decidimos no sacrificar ninguna actividad de nuestra hija mayor, no era justo para ella dejar a un lado las cosas que la hacen feliz; decidimos y tuvimos también que modificar rutinas, la hora de la siesta de la bebé se han convertido en el momento ideal para hacer tareas y meternos a bañar. Nuestras salidas también se han modificado, se han acortado para que la bebé no se desespere y termine llorando en medio de la gente; las salidas al cine han ido desapareciendo por miedo de que una bebé no deje disfrutar a los demás una película; también nuestras salidas de pareja se han detenido al menos por ahora, nuestra hija mayor es feliz por hacer pijamadas con sus abuelos, pero la bebé no puede estar separada de mamá por mucho tiempo.
En fin, ha sido difícil, pero a la vez hermoso. Cuando las veo dormir, cuando las veo soñar, al acostarme a su lado, agotada también, las observo y las abrazo, sabiendo que es lo más hermoso que nos ha sucedido en la vida y con la plena seguridad de que lo volvería a hacer mil veces más.

He escuchado muchas veces que los segundos hijos son más inquietos que los primeros, he comprobado por experiencia propia, que al menos en nuestro caso, así ha sido. Nuestra hija mayor sólo nos tenía a nosotros en sus primeros años, sólo convivía con adultos, tenía absolutamente toda nuestra atención. La bebé ha tenido que aprender que en ocasiones no podremos atenderla de manera inmediata; ha aprendido a convivir con una niña que pasa su tiempo cantando, bailando e imaginando (la mayor no tuvo esa hermosa oportunidad), por lo que ha tenido a una gran maestra; ha tenido que aprender que todos los juguetes que hay en la casa, tienen que ser compartidos y no todos son aptos para ella.

Todos hemos estado aprendiendo a adaptarnos, y sí, ha sido difícil y cansado, con una bebé de ahora un año y medio que le gusta explorar y meterse hasta la más pequeña diminuta pelusa que encuentra en el piso y con una niña de seis años que ha iniciado su etapa en la primaria, lo que implica levantarse más temprano y tener más responsabilidades en tareas. Con mi primera hija aprendí lo que es ser mamá y a amar de manera incondicional; con mi segunda hija aprendí que el amor no se reparte, se duplica; aprendí a ser más paciente, a comprender las necesidades tan distintas de dos seres tan distintos; aprendí que el tiempo pasa tan rápido que, si no te enfocas en lo más importante, jamás lo podrás recuperar; aprendí que cuatro es mucho mejor que tres.
Nuestras vidas se han tornado en siempre hacer las cosas de manera rápida, dormir poco y levantarse temprano incluso los sábados. Nuestra vida ha cambiado, pero aún así, con los ajetreos y las carreras diarias, somos una familia mucho más feliz, somos la familia que siempre quisimos ser. Nos hemos dispuesto a disfrutar cada instante de la infancia de nuestras niñas, porque crecen tan rápido; y me he hecho a la idea de que mi casa volverá a estar ordenada, al igual que mis tiempos y rutinas, hasta el día en que ellas tengan su propia familia; pero hasta ese entonces, nos dedicaremos a ser felices con ellas incluso cuando estemos corriendo por llegar puntual a la escuela y mientras nos desvelemos con la bebé.
Es una locura tener dos hijas, pero es la locura más hermosa que tendré en toda mi vida.

Dedicado a mis dos hijas: Ana Isabel y Alissa.
Las amo con locura.

Dennis Charles: Mamá de dos niñas, psicóloga con Maestría en Aprendizaje y cognición y especializada en neuropsicología infantil, certificada en Discipline Positive Parent Educator y en Encouragment Consult.
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