¿QUÉ ES AMAMANTAR EN LIBERTAD?

Por Clara Zapata

Antes de que naciera mi primera hija yo quería amamantar. Pero no porque fuera un acto especial o revolucionario o maternal o femenino o feminista o contestatario y diferente. Ni siquiera pasaba por mi cabeza que hubiera una decisión que tomar pues era “lo que había que hacer”, “lo que hacíamos las personas para alimentar a nuestros bebés”. En cuanto entré al hospital al parto, me di cuenta que curiosamente no todos creían lo mismo y que existían una serie de preconcepciones muy elaboradas y complejas del tema. Descubrí que como casi todo en esta vida, era una decisión que había que tomar.

Amamantar ES una decisión, un camino.

Después de algunas batallas hospitalarias, una adaptación cultural, un choque con mi propia concepción y de algunos días de incomodidad interna, decidí amamantar. Tampoco me imaginaba todas las tribulaciones por las que pasaría después elegir esta opción en mi vida. Porque los juicios y escalas de valores continuaron acompañándome a lo largo de toda mi lactancia.

Ya sabemos muchos, los múltiples comentarios que podemos recibir y no quiero extenderme en ello. Pero quiero hacer un alto en un tema que continuamente surge y resurge a cada rato, por siempre: el destete.

Después de sortear esos hermosos 6 meses de lactancia exclusiva, de comenzar a ofrecer otros alimentos a nuestros bebés, hay unas sorprendentes miradas que se van acercando como una vorágine y al igual que ese primer día, nos enfrentan a tomar otra decisión. Pasan los siete, ocho, nueve, diez…. Once… Doooce… ¿Hasta cuándo se tendría que amamantar? Y de pronto, todos a nuestro alrededor, se convierten en los especialistas en lactancia, con maestría y doctorado en destete. Todos tienen una opinión, un consejo, algo que leyeron en un libro, algo que les dijo un médico, lo que hacían las abuelitas o las propias madres y hasta se hacen taxonomías sobre los diferentes tipos de destete que hay en el mundo. Llega como la misma etapa del día uno: los cuestionamientos, las revoluciones, las contestaciones y con ellas, las dudas internas y es hora de volver a tomar nuevos caminos, nuevas decisiones.

Se convierte en un desgaste emocional potente que nos mueve la tierra, que nos hace temblar en nuestras concepciones, costumbres, y las voces externas se hacen presentes casi de manera permanente. Se siente como una invasión a la más íntima parte de nuestro corazón. Nos preguntamos después de superarlo un poco: ¿en qué le afectará a ciertas personas que otras continúen amamantando después del año? ¿El año es un límite? ¿Qué clase de fibras toca la imagen de un bebé “mayor” amamantado como para generar tantas opiniones? ¿Por qué un año tendría que el límite? ¿Cuál es la definición de mayor? ¿Por qué no menos o más? Científicamente hablando hay muchas respuestas, investigaciones y demás. Pero, en los demás campos… No tengo la respuesta. Y ni siquiera tendría uno que tenerla, creo yo.

De lo que sí tengo respuesta o por lo menos el convencimiento, la ilusión y la convicción es que amamantar es como muchas otras cosas de nuestras vidas: libertad.  Cada persona tendrá sus razones para decidir amamantar un día, dos, 3 meses, 6 meses, un año, dos, tres, cuatro, cinco… Y cada día, etapa y ciclo significa diferentes cosas para esas diferentes personas. Pero si abrazo esta decisión estoy consciente de cada uno de sus significados. Amamantar a un bebé pequeño, a un bebé mayor, a un niño (con todas las variantes definiciones que podría haber sobre estos nombres) va más allá de alimentar. Es una concepción de crianza, de maternidad, de la vida misma.

Por ello, es importantísimo que si decido hacerlo, lo haga en mi intimidad, con mi bebé en brazos, mirándonos, observando casi con telepatía las necesidades que tenemos, solitos, sin voces ni miradas ajenas a este par de seres humanos que somos.

Amamantar o Destetar no tiene un manual de instrucciones, así como tampoco, aprender a amar. Algunos pedimos ayuda para amamantar y otros responden con una serie de pasos, posturas, acomodos y soluciones casi matemáticas y conforme pasan los días, las semanas y los meses, vemos que cada vez hay quizás más desorden, más adaptación, más caos y más libertad. Cuando pedimos ayuda para destetar, pasa algo similar: nos come el cansancio, queremos salir corriendo, tener un momento a solas, meternos debajo de la cama y no precisamente para jugar a las escondidas y pasa y volvemos a las miradas tiernas, a las caricias y al placer de estar conectados. Y a veces queremos instrucciones. Después de pensar un poco, sentimos. Sentimos una revolución interna de emociones. Y ahí en la intimidad, decidimos en libertad. Si será rápido, lento, en la mañana o en la noche ya no encontraremos tanto orden. Si hemos vivido con todo lo que implica amamantar, con las subidas y bajadas, hemos encontrado la mirada, sabremos si estamos listos, los dos, a la par con consciencia pero sobre todo con amor. Nadie nos dirá cómo ni cuándo ni a qué hora. La libertad es hoy y ahora. Decidimos, ese hermoso par, con libertad.

Escucha, mira, canta y ama. Ahí podrás elegir.

abril 8, 2019

Clara Zapata

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