SE NECESITA UNA TRIBU

Por Susana López Siller

“Para educar a un niño hace falta una tribu entera” dice un proverbio africano, y después de los hechos ocurridos en la ciudad de Torreón, esta frase resuena en mi cabeza tratando de encontrarle una razón. Desde que leí a noticia, me he sentido increíblemente sorprendida por la cantidad de comentarios cargados de juicio, que se emiten desde una posición de superioridad moral, como si la falla estuviera solamente en un factor (llámese la familia, los videojuegos o la escuela) y no en un sistema entero.

            Le estamos fallando a la niñez, sí. Pero también a los jóvenes, a los adultos mayores y a todo aquel que se le ha enseñado que para salir adelante no hay opción más que rascarse con sus propias uñas. Nos hemos vuelto ciegos a las necesidades emocionales, envueltos en una cultura individualista que valora la apariencia por sobre la esencia de las personas.

                No imagino el dolor que viven en estos momentos las familias de los afectados, incluyendo la del perpetrador, porque era apenas un niño y el tiroteo también se lo llevó a él. Me preocupa escuchar justificaciones superficiales como “fue influenciado por un video juego”, así como hace 21 años en la masacre de Columbine: fueron los videojuegos, fue la música satánica de Marilyn Manson. Se busca darle una razón que no nos inculpe, que no señale a la desintegración familiar propiciada por  empleos cada vez más demandantes y la falta de oportunidades, a las nulas políticas públicas que se enfoquen en el desarrollo humano, a la negativa del sistema educativo de hacer más énfasis en el desarrollo de la inteligencia emocional y no solamente en el currículo académico.

                No me cabe duda, que hoy todos abrazaremos a nuestros hijos pensando si lo estamos haciendo bien. Pero más que abrazarlos solamente a ellos, debemos tener la capacidad de observar a  nuestro alrededor y cobijar a aquellos que sienten que la responsabilidad de criar es solitaria, pesada o dolorosa. Como comunidad, tenemos que valorar la importancia de una red de apoyo sólida: familiares, vecinos, amigos. La responsabilidad de que un niño se aleje de la violencia, no es sólo de dos personas, es de todos nosotros ¿Los estamos educando en la empatía o en la competencia? ¿Saben nuestros hijos sobre resiliencia, compasión, solidaridad? ¿O, los estamos volviendo muñecos en cajas de cristal, incapaces de darse cuenta de su entorno?

                Más allá de la operación mochila o los detectores de metales en las escuelas como curitas que cubran  la herida y asuman a los niños como delincuentes, generemos soluciones duraderas, amorosas, que le otorguen a la niñez la valía, la importancia y la capacidad de superar problemas, en comunidad.

“El niño que no sea abrazado por su tribu, cuando sea adulto, quemará la villa entera para poder sentir su calor.”
-Proverbio africano

Susana López Siller

Mamá de dos, psicóloga, soñadora y feminista. Me apasionan los temas de salud mental, crianza y equidad de género, y cómo puedo aportar desde mis textos a crear una sociedad más justa. Escribir se ha vuelto mi terapia.

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