Entrevista por NES / Fotografías: Karina Briones
Soy una mujer que ha tenido que aprender a levantarse muchas veces. Desde joven dejé a mi familia para perseguir mis sueños, enfrenté la distancia, la soledad y los desafíos que vienen con crecer de golpe. Hoy, miro atrás con gratitud: por todo lo que la vida me ha dado… y también por lo que me ha quitado, porque eso me ha formado.
Estoy construyendo una nueva forma de familia con mis hijos, una dinámica distinta que nos ha regalado paz, equilibrio y una profunda conexión entre nosotros.

El origen de mi vocación
Mi papá, médico, fue mi mayor inspiración. Crecí acompañándolo al hospital, viendo de cerca su entrega. Ahí nació mi amor por la medicina. Recuerdo perfectamente el día que le dije que había sido aceptada: me cargó, me dio vueltas, estaba lleno de orgullo.
Él me enseñó algo que ha marcado toda mi vida: cada decisión tiene consecuencias, y hay que asumirlas sin miedo. Caerse no es el final, es parte del camino.
Elegir mi camino
Salir de casa fue uno de los retos más grandes.
La ausencia de mi familia dolía, pero también me enseñó independencia, fortaleza y determinación.
Estudiar medicina no fue fácil: días sin dormir, sin comer bien, trasladándome como podía… pero todo eso me construyó.
Encontré mi verdadera vocación en la pediatría. Ahí entendí que mi corazón estaba en acompañar a los niños y a sus familias, en cuidar lo más valioso que tienen.
Ser pediatra, ser mamá
Ser pediatra es tocar la fibra más sensible de una familia. No solo ves a un niño, ves a toda su historia, sus miedos, su amor. Y cuando me convertí en mamá, esa sensibilidad se multiplicó.
Hoy acompaño a mis pacientes desde un lugar más humano, más empático. Porque también estoy de ese lado.

Mi mayor sueño: ser madre
Siempre soñé con ser mamá. Cuando supe que mi hijo venía en camino, sentí que había alcanzado todo. Mis tres hijos son mi motor, mi fuerza, mi impulso diario.
He vivido una maternidad real: con retos, con cansancio, con ausencias por trabajo… pero también con amor, presencia de calidad y una conexión profunda. Mi mayor objetivo es verlos convertirse en buenos seres humanos.

Mi forma de criar
Mi crianza está basada en el amor, pero también en la libertad y la confianza. Busco descubrir los talentos de mis hijos y ayudarlos a desarrollarlos.
Estar presente no siempre significa estar físicamente todo el tiempo, sino hacer que cada momento cuente.
Les enseño con el ejemplo: a no rendirse, a buscar siempre el lado positivo, a levantarse más fuertes.
Equilibrio y propósito
No tengo el control de todo, pero hago lo mejor que puedo cada día. Equilibro mi vida entre mi profesión, mi maternidad y mi bienestar personal.
Hago ejercicio, convivo, me nutro emocionalmente.
En mi consulta, nunca olvido que no trato pacientes, trato familias. Cada niño que veo se queda conmigo incluso después de cerrar la puerta.
Un mensaje para las mujeres
A todas las mujeres que sienten que deben elegir entre ser madres o profesionales, les digo: sí se puede. Podemos ser ambas. Nuestros hijos también aprenden viéndonos luchar por nuestros sueños.
Este artículo forma parte de nuestra edición especial impresa de MAYO – JUNIO 2026: CONCHITA SILLER: Corazón de Acero

