KAIRÓS, EL MOMENTO OPORTUNO

Por Liliana Contreras


Hay preguntas que creo nunca deberían hacerse, por ejemplo, ¿qué quieres de regalo? Hace unas semanas en el chat de mamás de la escuela de mi hijo, hubo una de esas encuestas para decidir qué le regalaríamos a las maestras. Mi esquema de valores se vio muy afectado, cuando la mayoría decidió aportar cierta cantidad de dinero, para que las maestras se compraran algo que ellas eligieran.

Considerando que también trabajo con niños, no me imagino recibiendo un sobre con dinero, pero, al parecer, es algo bastante habitual en estos días. Yo creo que, con un regalo de este tipo, habría pagado la luz o, tal vez, habría dado la cooperación de alguna posada; es decir, serían unos billetes que se revolverían en mi cartera y no tendrían un valor especial. No sé si esté bien o mal, pero, en lo personal, no me entusiasma. 

No es el regalo en sí mismo lo que emociona. Emociona la sorpresa, la intención, el significado, el instante adecuado, en que alguien nos dedica su tiempo para decirnos qué tan importante somos en sus vidas.

Son entonces esos pequeños momentos con sentido, a los que hace poco aprendí a llamar kairós (el momento oportuno), los que nos revitalizan, dotándonos del valor o de la energía para seguir adelante. Más que un billete, un regalo que nos hace sentir: “estás en el lugar correcto”, “estás haciendo lo correcto”, “ESTO es lo que te hace feliz”, “ESTO es lo que le da sentido a la vida, a tu vida”:

  • Dany, un niño con autismo, me sonrió por primera vez después de un año de trabajar juntos.
  • Marianna salió corriendo a darme un abrazo de navidad, a pesar de encontrarnos fuera del consultorio: me reconoció y me mostró su cariño.
  • Manuel deja de lado sus crisis cuando cantamos juntos “Barquito”, mientras se mece entre mis brazos.
  • Jesús Antonio escribió un texto en homenaje al creador de Bob Esponja, el día de su muerte; le comenté que lo sentía mucho (porque sabía que es de sus personajes favoritos) y me respondió: “lo sé”.
  • Descubrí que Ricky hacía sonidos con la nariz, sobre la introducción de sus películas favoritas y, cuando lo imité, me miró fijamente a los ojos, pidiendo que lo hiciera nuevamente (o eso entendí).
  • Eduardo, un niño que ha sido rechazado constantemente en sus escuelas por su hiperactividad, regresó a mi consultorio después de 3 años y me regaló una canica azul (que llevo en mi mochila como amuleto).

¿Qué puedo pedir más que eso? ¿Qué podría darme más valor y fuerza para seguir haciendo mi trabajo, que estos pequeños kairós? ¿Qué objeto o qué cantidad de dinero podría suplir ese brinco que da mi corazón por detalles como éstos? Nada, nada, ninguno.

Deseo que la vida les dé la oportunidad, como a mí, de reconocer lo esencial. Deseo que la vida las sorprenda. Deseo que se sepan acompañadas en este arduo camino de ser mujer, de ser mamá, de ser profesionista, de ser “sí mismas”.

Liliana Contreras

Trabajadora y estudiante eterna de la neuropsicología infantil. Coordinadora del Centro de Atención a Niños con Necesidades Educativas Especiales, escribe para no olvidar y es parte de Matatena de Saltillo, A. C. coordinando el proyecto Las mamás también queremos trabajar.

DEJA UN COMENTARIO

LECTURAS RELACIONADAS