SEGUNDAS OPORTUNIDADES

La vida es buena y la naturaleza es tan basta que nos brinda segundas oportunidades constantemente a pesar de nuestra inconsciencia producto de la mente que nos limita, ahí está ese algo dándonos más y más siempre, quizá porque ve algo bueno en la humanidad.

A veces no nos damos cuenta de esas segundas oportunidades y tomamos todo por sentado o como hechos aislados pero no lo son, como llegar tarde a una piñata a la cual ya no quería ir porque me sentía cansada pero mi hijo insistió y eso me brindó encontrar diagnóstico para mi hija. Un año antes de esa piñata había consultado un nefrólogo que me dijo “señora su hija no tiene acidosis tubular renal” me gustaría poder ayudarla más pero desconozco porque su hija no crece. Pasó el tiempo y ese “algo”, la vida, Dios, o como lo quieras llamar me dio una segunda oportunidad, sentarme a lado de la persona indicada en esa piñata, y que me dijera “nada pierdes en confirmar el no” ve y consulta a tal nefrólogo en la Ciudad de México, pues ella había pasado una experiencia similar a la mía. Nos fuimos a México y efectivamente mi hija tiene acidosis tubular renal, esa ha sido una de las segundas oportunidades más significativas en nuestra familia.

Hoy por hoy observo mi alrededor, el entorno en que los niños están creciendo y me gustaría que todos nos diéramos segundas oportunidades constantemente, porque a pesar de nuestros errores o defectos hay cosas buenas en cada uno de nosotros. Pero ¿Cómo lograrlo? Si hay tanto enojo, resentimiento y juicio en nuestro entorno, en los niños hay rechazos, presiones, etiquetas, bullying incluso suicido infantil, ¿Qué vacío tan grande puede llegar a sentir un niño para que ya no desee vivir? ¿Qué estamos haciendo mal y cómo revertirlo? No lo sé con certeza, ni tengo todas las posibles respuestas, lo único que alcanzo a percibir es que como madres necesitamos fomentar en nuestros hijos una mayor tolerancia y empatía, enseñarles a ver las cosas buenas en las personas, aunque sea una sola cosa. ¿Cómo lograr esto si nosotras no lo vivimos? como adultos vivimos desde el juicio y nos relacionamos con otros desde lo que percibe o supone nuestra mente, dejando de ver el alma de las personas, fomentando en nuestros hijos la exclusión, el conflicto, “si te pegan tu pega”.

Creo que como madres tenemos una misión y responsabilidad muy grandes, guiar a nuestros hijos para que como integrantes de una comunidad vivan con una mentalidad sana, inclusiva, diversa y respetuosa, enseñarlos a percibir el sentir ajeno, y fomentarles todos los días ver algo bueno en las personas y en las situaciones que se presenten, como por ejemplo:

Cuando escuches que tu hijo se expresa mal de otro niño como “pepito siempre pega”, “pepito por todo llora”, es importante marcar un alto invitándolo a reflexionar;

  • Hijo alomejor pepito está enojado y pega, pero ya pasará, mejor invítalo a jugar. Esto es enseñar a nuestros hijos a darles segundas oportunidades a otros niños que están en proceso de controlar sus emociones o pasando por situaciones difíciles en su entorno.
  • Hijo si pepito siempre llora ¿Qué crees que pudieras hacer para ayudarlo a sentirse mejor? Los niños tienen un gran ingenio y soluciones muy sencillas, te sorprenderás con las respuestas.

Evitemos decir a nuestros hijos, “no te juntes con pepito porque tiene …”. Al decir lo anterior estamos:

  • Entrenando la mente de nuestros hijos a vivir desde limitaciones, negándoles la oportunidad de relacionarse con otros para que a través de la experiencia propia se forje en ellos el pensamiento crítico y decidan por sí mismos.
  • Inconscientemente aprenden a relacionarse de una manera disfuncional con otros en etapas posteriores de la vida, pues por temor a ser rechazados de la manera en que el niño aprendió a rechazar buscan la aceptación de los demás dejando a un lado sus necesidades, convicciones y valores.
  • Le negamos la oportunidad de vivir las bondades y todas las cosas buenas que una persona con determinada condición es y tiene para ofrecer al mundo.

Cuando un niño pega o acosa con palabras o rechazo constantemente hay que trabajar con la seguridad y confianza en los niños que están siendo agredidos y no fomentarles agresividad.  A la par de trabajar con la seguridad en el niño es importante darle la oportunidad de que él resuelva la situación, si el intento no funciona intervenir para trabajar de manera conjunta con los padres del niño que agrede y con los padres del niño que está siendo agredido.  Es importante que como padres en cualquier escenario seamos humildes y receptivos, hablar las situaciones para encontrar la forma de ayudar a los niños sin llegar a una exclusión, es decir, al niño que pega o acosa apoyarlo a  canalizar sus emociones  y los papás analizar que está sucediendo en el entorno del niño para realizar los cambios necesarios y al niño que es agredido brindarle herramientas que le ayuden a poner límites.

Al enseñar a nuestros hijos a ver algo bueno en los demás no solamente brindamos segundas oportunidades y generamos inclusión sino que también están aprendiendo a ver cosas buenas en ellos mismos, lo cual es primordial en etapas tempranas pues se forja una valía sana,  es decir crecerán sintiéndose personas valiosas, capaces y merecedoras.

Se dice que recibes lo que das, ¿quieres seguir recibiendo segundas oportunidades? Yo sí, no sé cuándo las pueda necesitar.

Dora E. Berlanga

Abogada de profesión, esposa, mamá de 3 hijos, instructora de yoga y fiel a mis convicciones, me considero una mujer libre y de carácter determinante, que disfruta el aprendizaje continuo respecto al ser humano, los niños y la sabiduría femenina, pues creo firmemente en el poder creativo y transformador que la mujer es capaz de manifestar y generar un cambio en su entorno que impacte en las futuras generaciones. “I wish, as well as everybody else, to be perfectly happy; but, like evereboy else it must be in my own way” ~Jane Austen

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