MONOGAMIA AFECTIVA

Por Sandra Machuca

Vaciando el silencio que emanaba mi piso un sábado por la tarde, caminando y haciendo posturas extrañas a la vez, me dispuse a mandarte millones de mensajes en mood random con todas las ideas de temas variados que se me venían a la cabeza. Si nuestro chat tuviera una forma sería de pizarra de anotaciones en viñetas, post it de colores invadiendo una pared representando la memoria, o contenedor de pensamientos importantes para la posteridad, así como una tómbola de la suerte en la que metes la mano y sacas el papelito con el pensamiento del día; como una galleta china. Eran tantas las cosas por decir que rompí el silencio con mis audios interminables que como ya lo comentamos deberían ser podcast y nosotras millonarias. 

¡Vaya manera  de comunicarnos durante todo el día! #toxicfriendly Pensamientos e ideas importantes por WhatsApp, reels para morirte de risa por Instagram; y memes y eventos culturales por Facebook. Ha resultado muy eficiente la división de mensajes por categorías y aplicaciones. Se ha dado tan orgánicamente que hasta orgullosa me siento.

Por un momento me quedé quieta; estaba en el intento de hacer la postura del árbol, sosteniendo la taza del café con la mano izquierda y el celular con la derecha frente a mi cara para poder leer mejor los textos que enviabas a manera de protocolo de tesis doctoral. Sabía que cuando hacías eso era que estabas en alguna reunión de la oficina y no podías mandar audios pero de igual modo estabas desconectada de lo que deberías estar haciendo por contestar mis mensajes. 

Tu interminable texto terminó con una frase delatora que me hizo perder el equilibrio, se cayó el árbol y derramé el café sobre mi cuello a manera de cascada de lava, pude percibir como mis ojos salieron de sus órbitas por cuatro o cinco segundos. Antes de que tu respuesta se leyera como un ataque directo a mis principios y pusiera en riesgo mi vulnerabilidad; te había contado que días antes había salido con alguien pero que había accionado el freno de mano. Dibujé una frontera invisible para recordarme donde me encontraba hoy y de cierta forma proteger algo que aún no sabía que era pero que sentía. Entré en un estado de contradicción y no pude dejarme llevar porque mi conciencia se hizo presente, pero esta vez no pude evadirla; llegó con fuerza y no pude dejar que mi cuerpo actuara por sí mismo. Constantemente pensaba en otro escenario, en otra persona. No pude.

Una extraña sensación de fidelidad me invadió y llegó a mi mente en forma de luz roja parpadeante como señalización en un triángulo carmín con la advertencia “Warning”, acompañada de recuerdos recién maquilados que aparecían como un cortometraje en mi cabeza que me hacían revivir la casa, la cama y la cara de otra persona. Esa persona que hubiera deseado que estuviera en ese preciso instante; pero no lo estaba; no lo estaría al día siguiente y  de la cual no tenía certeza, no había un “después” en puerta”. Incertidumbre; realmente como todo en esta vida, aunque siempre se le disfraza llamándole plan.

Intenté hacer a un lado esa luz roja de advertencia. Igual que lo hice cuando me lanzaste el audio comentándome que la ciudad a la que viajaría estaba en la lista de las ciudades con un alto índice de ETS. Esa vez, sí que pude ignorarte, ignorar el #friendlyremainder; ignorar esa voz. Me parece un estudio interesante la comprensión de la organización de roles entre cerebro y corazón; ¿cuándo uno le dice al otro “te toca a tí”? Seguro que hay veces que ninguno de los dos quiere asumir la responsabilidad de la estupidez; quizás ahí le den chance al estómago de hacer su actuación principal. Me los imagino tipo en un Consejo de Naciones Unidas, de miembros permanentes, claro; la rodilla no tendría ni voz , no voto; deliberando por ejemplo; si al llegar a la ciudad de las ETS se requeriría algún tipo de coerción directa así como en una invasión; como se ha hecho en las últimas guerras; o bien, se mande un aviso indirecto, no por ello menos efectivo; así como América Latina fue el mensajero de estos avisos durante la Guerra Fría. Como sea, no se puede complacer a todos los miembros y suele aplicarse el “aquí mando yo” #melapelas. Así funciona el mundo y a nivel micro, nosotros también.

Monogamia afectiva: confieso que fue la primera vez que lo escuché, y me sonó interesantemente bonito a pesar del sobresalto. Hasta ahora entiendo el concepto de monogamia como un sistema exclusivo de relaciones sexuales y afectivas que las personas asumimos por un acuerdo en común y de manera voluntaria; y que las expectativas que tenemos de la pareja deben ajustarse a este régimen. Encuentro este concepto profundamente inmerso en la idea del “deber ser”; pues sabemos que es antinatural llevar a cabo la exclusividad; pero sí es una cuestión moral que los individuos asumimos. Hay que considerar también que alimentamos a nuestro ego presumiendo de esa exclusividad con otros. Comprendo ahora; después de que esa charla en chat se convirtió en tarde de pasta y vino; que el calificativo “afectiva” se da cuando es un acuerdo tácito con uno mismo, con la esperanza oculta entre las profundidades del romanticismo que el otro también lo asuma, es decir; es un sentimiento de responsabilidad “afectiva” (otra vez la palabra) que asumes de manera autónoma. ¡Ay qué fuerte!, pensé.

Una botella de vino no fue suficiente para una reflexión tan intensa de la cuál pendía la vida de la humanidad. La humanidad según mi entendimiento y mi egocentrismo del momento: yo. 

Sandra Machuca

Internacionalista y ciudadana del mudo. Vivo al borde cada emoción y eso le da sentido a mi vida. Apasionada de la literatura y el arte; profesiones que considero esenciales para que la humanidad trascienda a través de la belleza y la magia.

DEJA UN COMENTARIO

LECTURAS RELACIONADAS