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Aprender a amar nuestras limitaciones

Por Elizabeth García

Todos tenemos que aprender a vivir con nuestras debilidades.

Nunca he batallado con mi peso. Me encanta comer saludable, disfruto planear mi menú diario y encontrar comidas balanceadas y deliciosas. Desde hace muchos años, cuidar mi alimentación se convirtió en mi estilo de vida y eventualmente en mi profesión. Siempre he hecho ejercicio, pero hace más de un año comencé con dolores intensos en mi cuello, que me impedían ejercitarme y dormir bien. Eventualmente encontraron que mi problema es que tengo dos costillas de más. El primer doctor que vi me dijo que la única solución era operarme, pero sospecho que solo quería presumirlo en su grupo de Whatsapp. Así que busqué segundas opiniones y di con el Dr. Torre y con su equipo, quienes concluyeron que sería posible resolver el problema con terapia.

Sabía que podía hacerlo, aunque no sabía cuánto me iba a tardar, ni cuánto me iba a costar. “Naciste con ellas y con ellas vas a vivir”, me dije a mi misma. Iba a tener que aprender a confiar en mi cuerpo para sanar. Me di cuenta que unas costillas de más son muy parecidas al sobrepeso. Con esta experiencia, entendí claramente que nuestro cuerpo es un todo, y que el cambio tiene que volverse parte de nuestras vidas. Aunque probablemente no va a desaparecer (como en mi caso), nosotros somos los que vamos a cambiar. Vamos a ser más fuertes, a conocernos más y vamos a aprender a controlar esas debilidades, viendo cómo nos afectan y cómo reaccionamos ante ellas.  Con disciplina, paciencia y creatividad, estas debilidades se pueden volver nuestras fortalezas.

Las costillas me obligaron a observar pacientemente cómo mi cuerpo reaccionaba a la terapia día con día. Lo mismo pasa en una dieta. En mi caso, había que estar consciente de mi postura en todo momento, y analizar cada movimiento. El tratamiento en ocasiones se volvió rutinario y muchas veces doloroso, pero tenía que seguir avanzando: no podía ignorarlas, porque no podía vivir con ese dolor. El sobrepeso no suele causar dolor físico, y hasta cierto punto se puede ignorar. Incluso te puedes acostumbrar a vivir con esos kilos demás. Yo me había acostumbrado a vivir con el dolor de mis costillas. Puedes vivir mucho tiempo así, pero no quiere decir que está bien hacerlo. Ignorar el sobrepeso seria como ignorar una enfermedad, o ignorar el dolor. Es igual de peligroso.

Yo tuve que cambiar mi postura, mi manera caminar y de sentarme, incluso mi posición al dormir. Tuve que cambiar mi rutina de ejercicio, y aprendí a escuchar a mi cuerpo. A estar presente y consciente de él en todo momento. Estoy convencida que para que cualquier cambio que necesitemos hacer sea real y duradero, ya sea bajar de peso o prevenir una enfermedad, tenemos que hacerlos parte de nuestra rutina diaria. Si quieres bajar de peso, primero tienes que buscar una dieta que se acople a tu estilo de vida, que te ayude a conocer y controlar tus debilidades, antojos o ansiedades. Que busque opciones saludables y no restricciones, porque así te ayudará a controlarte, te enseñara alternativas y te dará herramientas no sólo para bajar, si no para mantenerte en tu peso ideal. Por más difícil que sea un proceso de cambio, hay que aprender a disfrutarlo. Y si además te da bienestar en tu día a día, energía, felicidad y salud, de seguro se volverá parte de tu vida. Eso es lo que hizo la terapia conmigo; cada día, cada semana, estaba atenta a las sensaciones de todo mi cuerpo, y vi cómo evolucionaba y respondía a mis pequeños grandes esfuerzos.

Mis costillas extra, que al principio me atormentaban día y noche, ahora son parte de mí. Aprendí a quererlas, pero sobretodo aprendí a vivir con ellas, y creo que ahí está el secreto. Todos tenemos que aprender a vivir con nuestras debilidades. Y así, con un poco de paciencia y disciplina, los cambios se volverán nuestra normalidad, y nuestras limitaciones nuestros mejores aliados.

Artículo de la edición impresa

La loca de la casa

Por Mayte Cepeda

La loca de la casa. Momento, no me refiero a mí. Todos, hombres, mujeres y niños tenemos una loca en la casa y está siempre pegadita a nosotros. No nos suelta, a veces incluso, no nos deja hacer nada o nos pone a hacer de todo sin explicación alguna.

¿Ya sabes de quién te estoy hablando?

Pues sí. De la mente. Si nos vamos a la definición que la Real Academia Española nos hace favor de proporcionar, estamos frente al potencial intelectual del alma, a un conjunto de actividades y procesos psíquicos conscientes e inconscientes, especialmente de carácter congnitivo, así como a un pensamiento propósito o voluntad.

Para tratarse de algo intangible digamos que es demasiado fuerte, poderosa y con una capacidad impresionante e infinita para guiarnos en nuestras conductas y acciones. De ella dependen, en su totalidad, las elecciones que hacemos en nuestra vida. Si volteamos a nuestro alrededor digamos que todo lo que somos, tenemos y padecemos, es consecuencia de lo que la mente nos empujó a hacer, deshacer, decir o desear.

Según el psicólogo francés Boris Cyrulnik “todas nuestras emociones se inscriben al nivel del cuerpo”. Esto significa que ese potencial que representa la mente, repercute positiva o negativamente en el cuerpo físico. Entonces, si de lo que pensemos o nos mande la mente depende en gran medida el estado de salud del cuerpo físico, tengamos en cuenta la importancia que tiene el tener una mente tranquila, alimentarla de cosas que le hagan bien y que la nutran positivamente.

Hace unos meses tuve un dolor en la espalda baja que duró más de lo que yo hubiese querido, y en el inter, algunas personas incluso doctores me preguntaban: ¿pues qué cargaste? ¿qué postura de yoga habrás hecho mal para que te duela así? y preguntas similares. Otro tipo de personas y doctores por su parte me hacían otra clase de cuestionamientos, algo así como ¿tienes problemas económicos?, ¿perdiste alguna oportunidad laboral? Etcétera. Y bueno, no puedo negar que para empezar me sentía juzgada, sin embargo, en lo que me curaba y no, me sobró tiempo para pensar y pensar en responderme a mí misma en cuál o cuáles podrían ser las razones o causas que originaron ese dolor. Y tal vez para cuando di con la respuesta ya había recibido un montón de terapias, medicinas y ejercicios, incluso ya ni me dolía la espalda. Sin embargo comprendí que dentro de mi problema físico se encontraban inmersas una serie de emociones atoradas mezcladas posiblemente con un descuido físico que fueron las causantes del problema. A lo que voy, en resumen, es que algo que pude atender a tiempo, si escuchaba lo que mi mente decía y de lo que se quejaba, en lugar de tratar de hacer como que no pasaba nada, posiblemente me hubiera evitado los meses de doctores, medicinas y terapias y nada físico me hubiera pasado.

Por eso, es súper importante saber que la mente no está ahí de adorno, pues para empezar no la podemos siquiera ver. Sin embargo su inimaginable poder justifica totalmente el valor que tiene y por lo cual es importante tener presente el procurar una mente sana, estable, equilibrada y sobre todo en paz. Cuando salió la película Intensa mente recuerdo perfectamente que a pesar de ser una película dirigida especialmente a público infantil, me impactó mucho su contenido; es fecha que me encanta y la veo una y otra vez. Esto porque me recuerda que puede ser que nadie a tu alrededor note todo por lo que estás atravesando, incluso si tienes un problema fuerte atormentándote. Todo eso se queda dentro de ti, y no es hasta que “tronamos” con una enfermedad o con una reacción al exterior que los demás se dan cuenta que algo estaba pasando.

Ahora bien, existen alimentos que ayudar a mantener una mente sana y aware o lo que sería para nosotros en alerta y totalmente consciente. Según el portal de Ecósfera podemos mantener un buen funcionamiento mental con la ingesta de semillas de calabaza, nueces, brócoli, cacao, moras, té verde, entre otros.

Si ejercitamos la mente de manera constante, podremos usarla siempre que la necesitemos. Esto suena medio sarcástico, pero es la verdad. Ejercicios como los mapas mentales, memorizar textos, figuras, asociar aromas con espacios y actividades de naturaleza similar, nos pueden ayudar a mantener una mente activa, joven y funcional.

Por el lado espiritual, la meditación, oración y aquellas actividades que tienen como objetivo fortalecer nuestro espíritu, reflejarán un beneficio inmediato en nuestra mente y su funcionamiento óptimo.

Ahora, si ya la tenemos día y noche pegadita a nosotros, qué mejor que darle buena vida a la mente, para que sea nuestra aliada en la vida y nos dé buenos resultados. Namasté!

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5 pasos para equilibrar nuestros roles de mujer

Por Champaca Treviño

Todas las mujeres que ejercemos diversos roles como pareja, madres, hermanas, hijas y cumplimos una doble función al ejercer nuestro rol profesional nos hemos sentido en algún momento abrumadas, llenas de dudas, de culpas sintiendo que el día no rinde que se nos va el tiempo y no hemos llegado a cumplir nuestros deseos nuestra pasión, nos preguntamos si estamos haciendo lo correcto en nuestra vida.

La base para que una mujer sea emprendedora o profesional de éxito y lleve a cabo diversos roles, es precisamente esa paz interior que te permite un sano equilibrio. Al compaginar tus tiempos y sobre todo disfrutarlos, llega una claridad mental que cuando menos lo esperas, visualizas ideas y proyectos por realizar en los que nunca habías prestado atención, pero sobre todo, ¡los disfrutas!

Apóyate en estos 5 pasos para tener un equilibrio en tus roles:

1. Inteligencia emocional

Concéntrate en lo positivo, despierta cada día accionando a la vida pensando hacia adelante, en presente y futuro, buscando hacer de tu vida personal y profesional algo divertido e interesante. Sé una aprendiz de por vida, siempre en todo momento busca tu crecimiento y evolución, mantente abierta a nuevas ideas y dispuesta a aprender de los demás.

Existe una herramienta: “la rueda de la vida”, que te permite analizar en 8 los aspectos que conforman tu vida, para así tener una visión clara y general de qué es lo que está ocurriendo, tómala en cuenta.

2. Organiza tus tiempos

Cuando tuve a mi segundo hijo llegó un momento en que pensé, tal vez sea el momento de dejar a un lado mi rol profesional, sin embargo como consultora también entendí que una persona puede trabajar menos de 40 horas a la semana y cumplir a cabalidad con productividad y eficiencia siempre y cuando sus tiempos estén bajo control, mis hijos cumplen un horario escolar que me ha permitido continuar desenvolviéndome en el ámbito profesional y lo disfruto realmente.

Para ello es de vital importancia hacer una lista de tareas diarias, dando prioridad a las actividades importantes, no dejes que el tiempo te controle a ti. ¿Cómo puedes empezar? Lleva una agenda y define una matriz donde establezcas metas, prioridades, los días de la semana y las tareas a realizar, que sea coherente y equilibrada. La administración del tiempo es tener el control de tu vida.

3. Ahorra e invierte

Como mujer empresaria, es importante hacer que el negocio crezca, enfocar tus esfuerzos en una base de disciplina económica.

Tanto en tu negocio como en tu casa, el ahorro y la inversión son vitales para tus planes futuros.

Se juiciosa y adaptable, separa tus finanzas personales de las del negocio, conócete y analiza de forma diaria por lo menos un mes cada uno de tus gastos, lleva la cuenta en un archivo Excel y toma decisiones sobre el resultado.

4. Paciencia

No hablo de esa paciencia que te lleva a guardarte todo lo que sientes hasta explotar sino esa paciencia que viene de la seguridad de saber que puedes descubrir cosas maravillosas en cada paso que vas viviendo, de saber esperar, de lograr caminar paso a paso al lado de tus ideales ya que sabes que, con esfuerzo y constancia, todo llegará.

Cada paso dado con firmeza aclara tu mente y surgen oportunidades.

Aprecia cada paso, cada logro felicítate, reconócete.

5. Construye edifica y deja un legado

Capacítate constantemente, la mayor inversión que puedes hacer es en ti como profesionista.

Define tu plan de negocios visualizando tu sueño, estima tu potencial de mercado y forma a tu equipo profesional. Un emprendedor debe evolucionar junto con su negocio y para ello, debe contar con un equipo eficiente que permita delegar confiando que se lograran los objetivos.

Esto te permitirá crecer y seguir en equilibrio en tu rol de madre o esposa, busca alianzar gente como tu como yo que buscamos crecer, desarrollar nuestros negocios sin dejar a un lado nuestra familia.

Recuerda que una mujer de negocios, exitosa y feliz sabe el momento preciso para tomar tiempo personal, descansar y divertirse evita un agotamiento físico y mental y gozar de su éxito.

No importa en qué momento de tu vida te encuentres, nunca es tarde o temprano para empezar y para ello disfruta tus triunfos, deja tus miedos, rompe paradigmas, analiza tu vida y ¡encuentra tu pasión!

Cómo experimentar la empatía

Por Valeria González

Una definición que encontré en internet de empatía es la siguiente:

“Esta palabra deriva del término griego empátheia, y se refiere a la habilidad cognitiva de una persona para comprender el universo emocional de otra.”

Yo ponía en práctica la empatía sin darme cuenta o sin tomar una decisión consiente al respecto (por aquello de las neuronas espejo): Si una amiga lloraba estando conmigo, era común que sintiera su dolor y me pusiera con el ojo de Remi yo también; si me platicaban de un niño enfermo de cáncer o algo similar, se me apachurraba el corazón al pensar en él y su familia; si un amigo se quejaba por alguna “injusticia” me indignaba también y me volvía su aliada. Todo esto lo explican los expertos neurobiólogos por medio de las neuronas espejo, éstas son un grupo de células que parecen estar relacionadas con los comportamientos empáticos, sociales e imitativos. Su misión es reflejar la actividad que estamos observando. Lo que pasa es que cuando vemos una acción, la neurona reproduce la misma actividad neural que estamos percibiendo como una representación en nuestra mente de dicha acción. Aquí lo más importante es que dichas neuronas se activan de acuerdo a nuestra PERCEPCIÓN, de nuestra percepción depende qué representación mental se realice.

Y luego está la teoría del inconsciente, donde para éste no existe el “otro”, todos soy yo. Así que aquella representación que hagamos en nuestra mente por nuestras percepciones de lo que le pasa o sienten los demás, para el inconsciente es como si nos pasara a nosotros.

En mi educación, sentir empatía por el dolor ajeno era muy bien visto: “soy bien linda porque empatizo con tus sentimientos de carencia, pérdida, abandono, enojo, etc.” Además, esa empatía es completamente parcial, es imposible que yo perciba dolor en una circunstancia ajena en la que yo en realidad me sentiría en paz o tranquila, entonces lo que estoy percibiendo en el “otro” es mi propio dolor o mi propio miedo al dolor y mi propia carencia o miedo a no tener, estoy percibiendo mi pasado y mi propio “programa o ego” (entendiendo como programa, todas nuestras experiencias, creencias, personalidad etc.), y el “otro” me hace el favor de enseñármelo.

Si mis neuronas espejo se activan de acuerdo a la percepción o juicio de la acción del “otro” y es mi pasado con todas sus experiencias y aprendizajes lo que dicta dicha percepción, entonces al momento de empatizar estoy enfrentándome con mi propio dolor y mi propio sufrimiento. Y al experimentar ese dolor “ajeno” lo vivo y lo refuerzo como mío (de acuerdo a la teoría del inconsciente).

Aparte le sumo a todo lo anterior la premisa que dice que “aquello en donde pones tu atención se multiplica o crece” lo que llaman los científicos el efecto observador.
Seguramente te ha pasado algo así, tienes la intención de comprarte un carro gris y de pronto ves muchos carros en la calle iguales o parecidos al que te quieres comprar. O cuando te fracturas un hueso, de pronto parece que hay más gente con fracturas a tu alrededor.

Bajo este marco teórico y con una nueva conciencia ¿no estaría mejor replantearnos la idea de la empatía?

Si percibo al “otro” sufriendo con los ojos del ego, ciertamente voy a empatizar con mi propio sufrimiento, con mi propio miedo y dolor y no solo eso, la historia que perciba del “otro” la voy a vivir como mía, el “otro” soy yo para mi inconsciente y le sumo que si mi atención está en esa percepción de sufrimiento lo voy a reforzar y multiplicar en mi mente y también en la del “otro”. ¡Wow! Viéndolo así creo que es importante pensar en otra manera de hacer las cosas, otra manera de tener empatía.

Y si en lugar de verte con los ojos del ego, me voy más profundo y dejo atrás lo que crees ser, tu personalidad, tus creencias, tu pasado, tus “culpas” y demás, en lugar de ver eso, me dejo llevar por los ojos del espíritu y veo tu divinidad, tu inocencia, tu fortaleza, tu santidad, tu complitud, tu abundancia, si logro conectarme con eso y percibir la verdad dentro de ti y ahí es donde pongo mi atención… creo que el resultado sería completamente diferente.

Aquello en lo que pongo mi atención crece, y a través de ti puedo conectarme con mi propia santidad y mi fortaleza y tu fortaleza crecen y no la debilidad. Si antes no podía ver esa divinidad en mí, es con esa empatía espiritual con la que sí me conecto con mi propia abundancia y amor, y se multiplica, y al empatizar con eso, mi inconsciente lo vive como si fuera yo, pero más bien soy tu, tu eres yo, todos somos uno.

Beneficios de brincar la cuerda

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Por Elizabeth Dávila

Siendo mamás, esposas, cocineras, entre otros deberes que conllevan ser mamá. A veces es complicado llevar una rutina larga de ejercicios, es por eso que esta semana te queremos compartir una forma para quemar calorías en poco tiempo.

Brincar la cuerda es uno de los ejercicios base del boxeo, esto se debe al gran rendimiento cardiovascular que te otorga. Al mismo tiempo nos ayuda a tonificar partes del cuerpo como las piernas, brazos y hombros.

Otra ventaja de brincar la cuerda es que podemos hacerlo en cualquier lugar, a cualquier hora, solo tenemos que dedicarle 30 minutos.

Algunos de los beneficios son:

Mejora tu sistema cardiovascular
Fortalece tus pulmones y expande tus vías respiratorias
Tonifica músculos de las piernas
Al mismo tiempo se ejercitan brazos y hombros
Por cada 5 minutos de saltar la cuerda se queman 75 calorías
Si nunca has brincado la cuerda puedes comenzar con 5 minutos e ir aumentando 2 minutos cada 3 días, hasta llegar a 30 minutos.

Aclarando mitos

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Por Laura Prieto

Los tatuajes están rodeados de mitos, misterios, la gente se pasa de voz en voz lo que alguna vez ha escuchado, los tatuajes se borran con el sol, la carne de puerco hace que se corra la tinta, no hay que mojarse durante la cicatrización y muchas otras creencias que frecuentemente debo aclarar.

La tinta blanca duele más.

La mayoría de las veces, o tal vez siempre, mis clientes se quejan más cuando les aplico tinta blanca, personas que tienen más de un tatuaje y conocen el toque final, se ponen temerosos al anunciarse que “ya sólo falta el blanco“, incluso, aquellos sin tatuajes, afirman que esa es la tinta que más duele, pero, en realidad, ¿duele más la tinta blanca?

En lo personal si duele mucho, pero no es porque sea el color de la tinta, es porque el blanco se aplica al final del tatuaje, para dar brillos y contrastes, a estas alturas del trabajo, la piel ya tiene todo el trabajo hecho, esta inflamada y ha pasado por un proceso doloroso, entonces, en los pequeños espacios, que se han salvado de piquetes, es ahí donde ponemos la tinta blanca, volvemos a tocar áreas que ya estaban “descansando“, por lo tanto, no es más doloroso porque sea tinta blanca, es la secuencia del proceso.

¿Hay alguna tinta que duela más que otra? No, todas se sienten igual, el color no hace que duela más o menos, la tintas no se sienten, no arden, se sienten las agujas, cada tatuaje duele diferente, tiene que ver con el estilo de tatuaje. Por ejemplo, duele más hacerse un tatuaje tradicional que lleva sombra negra y color sólido, que un tatuaje en sombra realista, que lleva velos de diferentes intensidades de negro, y la técnica es más como un roce suave con las agujas para crear transparencias, entonces no duele más el color, es el tipo de tatuaje, es todo el proceso.

En resumen, las diferentes tintas se sienten igual, lo que duele más o menos, es en qué punto del tatuaje te las aplican, lo que cambia la intensidad del dolor es la técnica de cada tatuaje, y no hay tatuaje demasiado insoportable, así que, ¡a tatuarse todos, con muchos colores!

SILVIA RENTERÍA

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Amor a México. ////// Ser mamá fue y ha sido aún ahora una gran aventura, con miedos y grandes retos, que requirió de mucho esfuerzo, madurar, crecer y aprender, al mismo tiempo que mis hijos lo hacían. Ahora ellos son adultos haciendo su vida, son mi mayor y mejor legado, un hombre y una mujer viviendo felices. También tengo dos nietos que observan mis pasos con una mayor atención, ellos son mi nuevo reto, debo dejarles mi legado.

Amo profundamente a México, mi patria, mi casa y mi herencia. Amo mis raíces mestizas, me veo al espejo y trato de encontrar en mis facciones todas las razas que me conforman y entiendo entonces que pertenezco al Mundo. Amo cerrar los ojos y ver el cielo azul y las verdes montañas, oler el mar y la tierra mojada, sentir la textura del rebozo en mis hombros, el tejido de un canasto en mis dedos, saborear el mole y el tequila, escuchar el mariachi o el tambor de los danzantes y con el sexto sentido, sentir que se me pone chinita la piel, de la emoción.

Una de mis pasiones es mi trabajo en vinculación. Amo pensar cómo crear lazos y enlaces en cualquier proyecto, mi mente está diseñada para acortar brechas, para unir, para conectar. Por otro lado, me da un placer enorme, cuando le muestro a alguna persona un producto y lo convenzo de comprarlo, me gusta vender.

Esta habilidad sumada a mi trabajo, fue un crisol en el que las ideas y las pasiones empezaron a dar vuelta en mi mente. Todo como un gran caos, que no alcanzaba a tomar forma, pero ahí estaba, creando una vibración que alcanzaba a tocarme por momentos.

Y de pronto, conectas con otro ser, como quien trae el número, el símbolo que faltaba, una pieza de un rompecabezas y ahí está por fin la idea, tomando forma, sumando amores, pasiones, anhelos y sueños. Tengo la tierra en mis manos y pienso en conectar con la Gran Madre Tierra, tengo el maíz, entiendo la fuerza de mi raza y surge la gran necesidad de compartirlo, porque estas son mis raíces.

Amo mi proyecto “Mis Raíces México”, porque me permite soñar y tener amigos. Comprendo que ser terca es igual a tener pasión, ser perseverante, ser creativa, tener ambiciones y seguir aprendiendo hasta el infinito.

El sello

Por Ivonne Orozco

Las mujeres Ñañus del estado de Guanajuato sellan sus tortillas en tributo a los ciclos agrícolas y fiestas patronales. Elaboran sellos con madera de mezquite y la tinta la hacen con elementos naturales como la jamaica, el betabel, la espinaca o cochinilla.

Cuando hablamos de sellos hablamos de dejar la marca de lo que hacemos en cada cosa. Sellar nuestra comida con nuestro toque personal, adornar nuestros platillos con buganbilias, por ejemplo. Hacer de nuestras comidas ceremonias como la que celebraban nuestros antepasados. Dejar la huella de nuestra alma en lo que hacemos y una de las principales es: alimentar el cuerpo y el alma.
Hagamos de nuestra comida ” ordinaria” una “ceremonia extraordinaria”. Hagamos una fiesta por el día, un brindis por el amor y el alimento.

Arroz amoroso

  • 3 tazas de arroz integral precocido
  • 1 taza de nuez picada
  • 1 taza de piñón
  • 1 taza de tocino picado
  • 1 taza de bistec picadito
  • 1/2 taza de arándanos
  • 1/2 cebollita picada
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cerveza clara
  • Sal al gusto

Pondrás en una cazuela un poco de aceite. Es importante que tu cazuela sea arrocera, para que obtengas un arroz esponjadito y delicioso. Después pones el tocino a dorar y cuando saque la grasita incorporas la carne y dejas que dore. En seguida añade la nuez, el piñón y los arándanos. Una vez doraditos, muele la cebolla y el ajo. Vacía la cerveza, el ajo, la cebolla molidas y 3 tazas de agua muy caliente. Recuerda poner a hervir el agua o caldo siempre que hagas arroz, jamás vacíes agua o caldo frío porque se cortará el proceso de cocción. Una vez que suelte el hervor, vacía el arroz, esparce y tapa. Baja la flama y el arroz estará listo en 25 mins.

Ponle tu sello para decorar el plato. Qué te parecen unos pétalos de rosas rojas. Deshojamos dos rosas, las desinfectamos y les quitamos la cutícula (la parte blanquizca del pétalo que está en la parte superior). Ya desinfectadas, adornamos nuestro platillo.

Foto cortesía de Philippe Saez

Mosaicos

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Por Dona Wiseman

¿Cuántos roles tienes en tu vida? Estoy ahora conversando con una mujer que es empresaria, cocinera (no es chef, siempre aclara), madre, amiga, hija. Una de mis hijas es dentista, jugadora de tochito, coordinadora de deportes, entrenadora, pareja, hermana, hija y pronto será madre. Yo soy psicoterapeuta, traductora, asesora educativa, escritora y ahora actriz. Y así las vidas de muchas personas que conozco.

¿Qué sucede con el mosaico de tu vida? ¿Tiene suficientes colores? ¿Formas? ¿Es sencillo o tiene matices y profundidades? ¿Te hace falta agregar o quitar algo?

“Siempre he querido aprender a pintar/tocar piano/escribir.” “Quisiera tener tiempo para leer/tomar un diplomado en historia del arte/estudiar terapias alternativas.” “De joven patinaba/andaba en bici/iba de excursión y era algo que me encantaba. No sé cómo lo perdí.”

Escucho estos comentarios en el consultorio con frecuencia. Y me da tristeza. Creo que buscar la satisfacción personal en la vida es muy importante. Es verdad que tenemos personas que dependen de nosotros/as, pero atender nuestras necesidades y tener un área de vida que nos es propio y que no compartimos, como hemos compartido las mamás hasta el baño desde que nacieron nuestros hijos, es primordial. Buscar, diseñar, discernir, construir y defender la propia esencia dentro del mosaico de la vida aportará satisfacción. Llenará necesidades individuales y nos dará la energía de seguir en la parte de la vida que compartimos.

Busca las piezas, tus colores, tus formas. Arma tu mosaico. Luego me lo enseñas. Me encantaría verlo.

Alabemos a las mujeres tontas y otros poemas de Margaret Atwood

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Por Alejandra Peart

Hoy dejaré en el Librero algunos poemas de una de mis poetas favoritas de todos los tiempos, Margaret Atwood: novelista, poetisa, crítica literaria, columnista, activista política, feminista, ecologista. Canadiense nacida en Ottawa el 18 de noviembre de 1939, galardonada con el Príncipe de Asturias de las Letras “por su espléndida obra literaria que ha explorado diferentes géneros con agudeza e ironía, y porque en ella asume inteligentemente la tradición clásica, defiende la dignidad de las mujeres y denuncia situaciones de injusticia social”.
Algunos de sus libros de narrativa son: La mujer comestible, Resurgir, Doña Oráculo, Chicas bailarinas, El cuento de la criada, Ojo de gato, Alias Grace, La novia ladrona, El asesino ciego, entre otras. Traducida a más de treinta idiomas, entre sus poemarios se destacan: Juegos de poder, Los diarios de Susana Moodie, Luna llena y La puerta.
Mi primer encuentro con ella, fue leyendo una Antología de poesía canadiense, en una librería de la Ciudad de México y realmente me atrapó. Siempre que un autor me atrapa ya no puedo dejar de leerlo y devoro sus libros, los busco y estoy al acecho de cualquier cosa que publiquen. No es fácil encontrar autores o poetas que nos atrapen de esta forma.

Espero que disfruten esta selección:

 

Febrero

Invierno. Tiempo de comer grasas

y mirar hockey. En las mañanas de peltre, el gato,

una salchicha de pelo negro con los ojos amarillos

de Houdini, salta a la cama y trata

de llegar hasta mi cabeza. Es su modo

de ver si estoy muerta o no.

Si no estoy muerta, quiere que lo rasque; si lo estoy,

algo se le ocurrirá. Se me instala

encima del pecho, exhalando su aliento

a carne eructada y sofás con moho,

ronroneando como una tabla de lavar. Algún otro gato,

al que todavía no castraron, roció la puerta del frente

y le declaró la guerra. Todo es cuestión de sexo y territorio,

que, a la larga, van a ser lo que

nos extermine. Algunos amos

cortarían uno que otro testículo. Si los sabios

homínidos fuéramos sensatos, lo haríamos también,

o nos comeríamos a los más jóvenes, como los tiburones.

Pero es el amor lo que nos mata. ¡Una y otra

vez, tira, y acierta! y el hambre

se agazapa entre las sábanas, emboscando al edredón

que late, y la sensación térmica debajo

llega a treinta, y la polución

rebosa de las chimeneas para mantenernos abrigados.

Febrero, mes de la desesperación,

con un corazón ensartado en el medio.

Tengo pensamientos funestos, y lujuria por las papas fritas

rociadas con vinagre.

Gato, basta con tu cantinela insaciable

y el hoyito rosado de tu culo.

¡Quítamelo de la cara! Eres, casi casi,

el principio de la vida,

así que a ponerle

un poquito de optimismo.

Quítate de encima a la muerte. Celebra el aumento.
Haz que sea primavera.

 

Historias verdaderas

 i

No preguntes por la historia verdadera,

¿Para qué la quieres?

No es por donde yo empiezo

ni lo que llevo conmigo.

Ni con lo que navego,

un cuchillo, un fuego azul,
suerte, dos o tres palabras buenas
que todavía funcionan, y la marea.

 

ii

La historia verdadera se perdió

en el camino a la playa, es algo

que nunca tuve, esa maraña negra
de ramas bajo una luz cambiante,

mis pisadas borrosas
llenándose de agua

salada, este manojo
de huesos diminutos, esta cacería de lechuzas;

una luna, papeles abollados, una moneda,

el resplandor de un picnic viejo,

los huecos que los amantes
dejaron en la arena hace

cien años: ni idea.

 

iii
La historia verdadera está
entre las otras historias,

un lío de colores, como la ropa revuelta,

tirada o desparramada,

como los corazones sobre el mármol, como las sílabas

como las sobras del carnicero.

La historia verdadera es mezquina

y múltiple y falsa

después de todo. ¿Para qué

la quieres? Nunca preguntes
por la historia verdadera.

 

Muerte de un hijo menor por ahogamiento

Él, que atravesó triunfal
el río peligroso de su nacimiento,
volvió a ponerse en camino

en viaje de exploración
a una tierra sobre la que floté
sin poder tocarla para reclamarle.

Sus pies resbalaron en la orilla
y se lo llevó la corriente, girando
en la crecida, mezclándose con el hielo y los árboles;

se zambulló en parajes remotos,
con la cabeza como una batisfera
y los ojos atravesados por burbujitas de vidrio.

Al acecho, aventurero insensato
en un paisaje más extraño que Urano
donde ya estuvimos todos y que algunos recuerdan.

Fue un accidente: el aire se cerró,
y él quedó colgado del río como un corazón.
Me devolvieron su cuerpo embarrado,

túmulo de mis planes y organigramas,
con palos y ganchos,
entre los empujones de los troncos.

Era primavera, el sol seguía brillando,
el pasto nuevo ganaba solidez,
mis manos relucían de detalles.

Después de un viaje tan largo, yo estaba cansada de las olas.
Mi pie tocó la piedra. Las velas soñadas
colapsaron, rotas.

Y lo planté en este país
como una bandera.

 

Has oído al hombre al que amas
.
Has oído al hombre al que amas
hablando consigo mismo en el cuarto de al lado.
No sabía que le escuchabas.
Pegaste el oído al muro
pero no conseguías captar las palabras,
sólo una especie de ruido sordo.
¿Estaba enfadado? ¿Estaba maldiciendo?
¿O era una especie de comentario
como una larga y críptica nota al pie en una página de versos?
O buscaba algo que había extraviado,
como las llaves del coche?
Entonces, de repente, se puso a cantar.
Te asustaste
porque era algo nuevo,
pero no abriste la puerta, no entraste,
y siguió cantando con su voz grave, desafinada,
densa y dura como el brezo.
La canción no era para ti, no te mencionaba.
Tenía otra fuente de contento,
nada que ver contigo en absoluto,
era un hombre desconocido, que canta en su cuarto, solo.
¿Por qué te sentiste tan dolida, y tan curiosa,
y al mismo tiempo tan feliz,
y también tan libre?

 

Alabemos a las mujeres tontas

—las cabezas huecas, las descerebradas, las rubias explosivas:
las adolescentes tercas demasiado tontas para escuchar a sus madres;
todas las que tienen relleno de colchón entre oreja y oreja,
todas las empleadas de lujo que nos desean un buen día, nos dan el cambio mal, mientras se retocan el super peinado en el espejo,
aquellas que meten al caniche recién bañado en el microondas,
y aquellas cuyos novios les dicen que el chicle de clorofila es anticonceptivo, y se lo creen;
todas las que se muerden las uñas de nervios porque no saben si hacer pis o salir del wáter, todas las que no saben escribir pis ni wáter, todas las que se ríen, complacientes, de chistes tontos como este, aunque no los entiendan.

No viven en el mundo real, nos decimos, benévolas: pero, ¿qué clase de crítica es esa?
Si se las arreglan para no vivir en él, tanto mejor. También nosotras preferiríamos no vivir en él.
Y en realidad no lo hacen, porque tales mujeres son ficciones: compuestas por otros, pero con igual frecuencia por sí mismas, aunque hasta las mujeres tontas son menos tontas de lo que aparentan: lo aparentan por amor.

Los hombres las adoran porque hacen que hasta los hombres tontos parezcan listos: las mujeres por la misma razón,
y porque les recuerdan las cosas tontas que han hecho ellas,
pero sobre todo porque sin ellas no habría historias.

¡No habría historias! ¡Imagínate un mundo sin historias!
Pues eso es exactamente lo que tendríamos, si todas las mujeres fueran sabias.
Las Vírgenes Sensatas cuidan sus lámparas, se proveen de aceite, y llega el esposo, como debe ser, llamando a la puerta principal, a tiempo para la cena;
no hay lío, no hay follón, no hay historia.
¿Qué se puede contar de la Vírgenes Sensatas, insulsos parangones de virtud?
Se muerden la lengua, cierran sus boquitas inteligentes, se cosen su propia ropa,
alcanzan reconocimiento profesional, lo hacen todo bien sin esfuerzo.
Son en cierto modo insoportables: no tienen vicios narrativos:
sus sonrisitas sensatas son demasiado sabias, saben demasiado de nosotras y nuestras tonterías.
Sospechamos que tienen corazones mezquinos.
Se pasan de listas, no en detrimento suyo, sino en el nuestro.
Las Vírgenes Necias, en cambio, dejan que las lámparas se apaguen:
y cuando el esposo llega y llama al timbre,
están en la cama durmiendo, y tiene que entrar por la ventana:
y la gente grita y tropieza con cosas, y las identidades se confunden,
y hay una escena de persecución, y de rotura, y el placer de la trifulca consiguiente:
nada de lo cual se hubiera producido si a estas chicas no les faltasen unos cuantos veranos.

¡Ah, la Eterna Mujer Tonta! Cómo nos gusta oír hablar de ella:
cuando escucha los entramados pseudo-artísticos de la creíble serpiente, y acaba comiendo la muestra gratuita de la manzana de Árbol de la Sabiduría:
dando así origen a la ciencia de la Teología;
o mientras abre la fraudulenta caja-sorpresa que contiene todos los males humanos, y es tan tonta que cree que la Esperanza servirá de alivio.
Habla con lobos, sin saber qué clase de bestias son:
¿Dónde has estado toda mi vida?, le preguntan. ¿Dónde he estado toda mi vida?, responde ella.
¡Nosotras sí lo sabemos! ¡Lo sabemos! Y reconocemos un lobo cuando lo vemos.
Cuidado, le gritamos en silencio, pensando en todas las cosas inteligentes que haríamos en su lugar.
Pero atrapada en las páginas blancas, no nos oye, y va brincando, canturreando y retozando hacia su destino.
(¡La inocencia! Quizás esa sea la clave de la estupidez, nos decimos, nosotras que la abandonamos hace tiempo).
Si escapa a algún peligro, es gracias a la buena suerte, o al héroe:
esta chica se ahogaría en un vaso de agua.

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A veces es tontamente temeraria; por otro lado, puede ser igualmente
miedosa, aunque también tontamente.
Padrastros incestuosos la persiguen por claustros en ruinas,
a los que ha sido llevada con artimañas que no engañarían a un palomo.
Los ratones la hacen gritar: va por este mundo amenazante gimoteando, entre castañear de dientes,
corriendo —pero correr implica el uso de las piernas, y es poco airoso— desvaneciéndose, más bien.
(Sin piernas) huye despavorida, equivocándose de camino en cada cruce,
un foulard blanco de seda en la oscuridad, y nosotros huimos con ella.
Huérfana y carente de tías bondadosas, toma decisiones matrimoniales
poco apropiadas,
y tiene que evitar cuerdas, cuchillos, perros asilvestrados, macetas de piedra que caen de los balcones,
dirigidas a su agitada cabecita por esposos ladinos y viles que van a por sus huesos y sus pesos.
No la compadezcas, cuando la veas ahí desvalida retorciéndose las manos:
el miedo es su armadura.

¡Admitámoslo, es nuestra inspiración! ¡La Musa como pelusa de polvo!
¡Y la inspiración de los hombres, también! ¿Por qué, si no, se compusieron las sagas de héroes,
de su fuerza cuasi-divina y sus hazañas sobrehumanas,
sino para la admiración de las mujeres a quienes se juzga tan tontas como para creérselas?
¿De dónde, si no, quinientos años de poemas de amor,
por no hablar de esas canciones suplicantes, lastimeras, llenas de gemidos y sollozos musicales?
¡Dirigidas directamente a las mujeres tan tontas como para encontrarlas seductoras!
Cuando una hermosa mujer cae en desgracia, o se tira a ella,
alegando sus buenas intenciones, su deseo de agradar,
y abusan de ella, sobre todo si el que abusa es famoso,
si es lo bastante tonta o lo bastante lista, la pillan, como en las novelas clásicas,
y aparece en los periódicos, desconcertada y llorosa,
y de ahí directa al corazón.
¡Te perdonamos! Exclamamos. ¡Lo comprendemos! ¡Ahora hazlo otra vez!

Hypocrite lecteuse! Ma semblable! Ma soeur!
Alabemos a las mujeres tontas, que nos han dado la Literatura.