EDUCANDO CON CONGRUENCIA

Por Dennis Charles

Cierra tus ojos por un momento e imagina que el tiempo ha pasado, tus hijos ya son adultos, y un día, en una ocasión muy especial, han decidido visitarte, tocan el timbre, sabes que son ellos y abres la puerta. ¿Qué es lo que ves? ¿Cómo te los imaginas? Posiblemente tu mente y corazón anhelan el que sean adultos exitosos, afectuosos, capaces de resolver conflictos y con habilidad para comunicarse y relacionarse con respeto; deseas que se conviertan en adultos responsables y cooperadores, peros sobre todo, felices; y al verlos así, seguramente te sentirás tranquilo por que tu te esforzaste para poder ver a tus hijos así y así sabrás que has cumplido tu tarea como padre.

Y en efecto, la meta de todo padre es precisamente esta, el que nuestros hijos desarrollen habilidades y características para la vida y para ser adultos competentes en la sociedad. Pero, para poder hacerlo, necesitamos crear oportunidades para que nuestros hijos las pongan en práctica una y muchas veces. Muchos padres están conscientes de esto, sabemos que para que nuestros hijos adquieran estas habilidades, tenemos que darles nuestro apoyo y ejemplo; sin embargo, a pesar de tener conocimiento sobre esto, seguimos utilizando métodos punitivos y poco respetuosos y, que lejos de desarrollar éstas habilidades, invitan a los niños a comportarse de manera inadecuada.

Una habilidad y cualidad no se desarrolla con un chantaje, sermón o castigo; y una de las principales razones es porque éstos métodos no son respetuosos para los hijos. Y es aquí cuando la educación deja de ser congruente; por un lado queremos que nuestros hijos sean respetuosos y por el otro lado no los respetamos al gritarles o pegarles. Difícilmente nuestros hijos serán capaces de resolver sus conflictos de una manera positiva si nosotros los humillamos o regañamos cada vez que comenten un error. Otra incongruencia muy común que muchos padres cometemos es con los niños pequeños, les decimos que no es correcto pegar o morder a los demás, pero cuando se comportan de manera inadecuada, nosotros los reprendemos con una nalgada o manotazo. Los niños llegan a confundirse por estos mensajes  incongruentes que les damos “no pegues pero yo si te puedo pegar” o “no grites pero yo sí puedo gritarte”.

Si nos ponemos a analizar lo anterior detalladamente, lo veremos hasta de cierta manera ilógica. La educación debe ser congruente con lo que quiero para mis hijos y en cómo lo hago para obtenerlo. No puedo esperar a que mis hijos dejen de pelear entre sí, si yo como padre no les he dado la oportunidad de buscar sus propias soluciones para resolver conflictos (generalmente ante una pelea de hermanos actuamos gritando para que se detengan), tampoco puedo pretender que mis hijos hagan su tarea sin protestar si a mi como padre jamás me han visto leyendo un libro o realizando una actividad académica. De igual manera, si rescatamos a nuestros hijos de cualquier atención, dejamos pasar estas oportunidades de aprendizaje, por ejemplo, si a tu hijo se le olvidó en la escuela su libro para hacer la tarea, en lugar de regañar o buscar la manera en sacarle copias al libro de un compañero, permítele aprender de su error y juntos diseñen un plan para que no vuelva a suceder.

La educación de nuestros hijos no es sinónimo de corregir y castigar lo inadecuado, tampoco es sinónimo de evadir o rescatarlos de cualquier problema; la educación debe de basarse en dar estas oportunidades a nuestros hijos para que aprendan de sus errores, para que desarrollen la capacidad de resolver conflictos en diferentes contextos, para que aprendan a comunicarse y a relacionarse de manera respetuosa con los demás, para que aprenda a aceptarse y a ser tolerante; y estas habilidades y características se desarrollarán de manera óptima, siempre y cuando nosotros los adultos las modelemos y hagamos simplemente lo que queremos que nuestros hijos sean al ser adultos.

Dennis Charles

Mamá. Licenciada en psicología, asesora de porteo y facilitadora de disciplina positiva.

1 Comment

  1. Responder

    Lorena

    octubre 11, 2018

    Me encantó tu artículo, tengo 3 hijos ya jovenes y entendí que uno de los retos al educar es no preocuparte por lo que dicen los demás y atreverte a que tus hijos se equivoquen y que si el dice que ese día va de deportes , creerle aunque se equivoque

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