NEUROPSICOLOGÍA DEL MIEDO

Por Dennis Charles

“¿Por qué te da miedo la oscuridad? No hay nada ahí, ya estás grande y no deberías tener miedo a estar en tu propia casa”.

Frecuentemente me veo repitiendo esta misma frase a mi hija, quien efectivamente, atravesar un cuarto oscuro la aterroriza. Yo como adulta, sé que un cuarto oscuro no implica peligro y por más que trato de explicarle de una manera lógica las razones por las que no hay que temer y que no existe peligro, el miedo en mi hija no desaparece.

¿Qué sabemos sobre el miedo en los niños?

El miedo infantil es algo muy común y generalmente los niños tienden a superarlos; sin embargo, hay niños que no logran desprenderse tan fácilmente de sus miedos y éstos los llegan a acompañar hasta su vida adulta.

Existen miedos evolutivos que aparecen en función a la edad y maduración neuronal de los niños. En los primeros tres años, los niños experimentan miedo a los extraños, a los ruidos, a los animales, a separarse de sus padres, a la oscuridad. Alrededor de los 3 a los 5 años, aparece el típico miedo a los monstruos o a los fantasmas, y sigue perdurando el miedo a la oscuridad y a la separación de sus padres. En la etapa de la primaria, el miedo se vuelve “adaptativo”, es decir, es proporcional a los peligros que enfrentan como al daño físico, a las heridas, muerte de un familiar, divorcio de los padres, a los accidentes, a los exámenes o a las burlas. En la preadolescencia, se experimenta miedo al fracaso, al rechazo y a la crítica. Ya en la adolescencia, el miedo va en función a sus relaciones sociales, a su rendimiento personal y logros académicos.

Todos estos miedos son normales, pero cuando ya éstos afectan significativamente la vida de los niños, necesitamos buscar ayuda para ellos.

El papel del adulto en el miedo de los niños.

Los adultos generalmente confundimos a los niños con nuestras típicas frases que se contradicen, por una parte, les generamos miedo como manera de chantaje para lograr ciertos comportamientos: “si no te duermes, el coco vendrá”, “la policía se lleva a los niños que lloran”; y por el otro lado, no queremos que tengan miedo a situaciones o cosas que nosotros consideramos ilógicas: “los monstruos no existen”, “todo está en tu imaginación, no debes temer a lo que ves en la tele”.

Cuando notamos que los niños tienen miedos específicos, los adultos, desde nuestro cerebro “lógico”, tratamos de reprimir en ellos sus miedos con nuestras charlas y explicaciones científicas del porqué es imposible que un monstruo aparezca debajo de la cama. No es real un monstruo, eso lo entendemos nosotros, lo que no logramos entender es que, para los niños, el miedo es tan real como el aire que nos rodea.

¿Qué sucede en el cerebro de los niños cuando tienen miedo?

Tenemos que entender que el miedo es una emoción, no un sentimiento. Las emociones son biológicas ya que tienen una localización en las áreas cerebrales, por lo tanto, son inconscientes, al contrario de los sentimientos que son conscientes. En la manifestación del intervienen varias estructuras cerebrales, principalmente: Corteza Cingulada anterior (ACC), corteza prefrontal ventromedial (VmPFC), la amígdala y la ínsula. 

Para entender el funcionamiento de estas estructuras cerebrales durante la manifestación del miedo, debemos entender que todo miedo infantil (oscuridad, monstruos, etc.) es una representación simbólica de lo que realmente temen los niños (muerte, divorcio de los padres, peleas, etc.). Cuando estos temores se hacen presentes, la ínsula activa los mecanismos de alerta ante aquello que supone que es un peligro y esto los lleva a reaccionar, provocando conductas observables (llanto, negación, terror, etc.). Los niños aún no logran el desarrollo completo de la corteza prefrontal (estructura cerebral encargada de la autorregulación), por lo que no pueden inhibir todas estas respuestas manifestadas del miedo que provienen de la amígdala y de la ínsula. Los niños no lograrán controlar el miedo si no se les ayuda a entrenar todas estas estructuras cerebrales para que funcionen de manera coordinada.

¿Cómo acompañar el miedo?

No podemos suprimir un miedo que es inconsciente, al contrario, debemos permitirlo para hacerlo consciente y de esta manera, poder trabajarlo y, la mejor manera de hacerlo es mediante la empatía y siguiendo estos pasos:

  1. Validar el miedo: ¿Tienes miedo? Todos tenemos miedo a algo.
  2. Reconoce la necesidad: ¿Te sientes en peligro? ¿Necesitas que te acompañe al cuarto?
  3. Permite la expresión: Siempre puedes decirme cuando algo te da miedo.
  4. Ayuda a contactar la realidad: En la oscuridad nos sentimos desprotegidos, no sabemos lo que hay delante o detrás de nosotros.
  5. Ayuda a identificar lo temido: ¿Tienes miedo de que algo te suceda en la oscuridad?
  6. Protege: Yo estoy aquí y evitaré que algo te pase.
  7. Ayuda a encontrar recursos: ¿Qué podemos hacer para que el cuarto no esté oscuro?
  8. Acompaña mientras aprende: Dame la mano mientras caminamos por el cuarto oscuro, ¿quieres cantar una canción mientras caminamos?
  9. Da oportunidades para practicar: mañana lo haremos de nuevo.

El miedo es válido, es la manifestación de nuestros temores, y antes de entrenar a los niños en cómo superar sus miedos, tenemos que analizar qué es lo que puede estar provocándolo. Las reacciones ante el miedo es sólo la conducta observable, pero detrás de eso, hay algo de fondo de lo que posiblemente no nos hemos percatado.

Dennis Charles

Mamá. Licenciada en psicología, asesora de porteo y facilitadora de disciplina positiva.

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