¡ATENCIÓN, ES HORA DE SEGUIR LAS ÓRDENES DEL SARGENTO!

Viviendo en el campo de batalla de las rutinas familiares.

Por Dennis Charles

Pequeños sodados en entrenamiento

Hoy me gustaría que analicemos dentro de estas líneas la manera en cómo vivimos con nuestros hijos un día típico de escuela, en donde las prisas, la falta de tiempo y la desesperación de nuestra parte son el factor común que nos lleva a adentrarnos a un campo de batalla.

Iniciamos nuestro ajetreado día ya con el tiempo encima y eso provoca que nos pongamos nuestro “uniforme invisible” de sargento y empecemos las mañanas con nuestra voz de trompeta entonando un sinfín de órdenes: “levántate, ponte rápido el uniforme, desayuna rápido o llegarás tarde, date prisa ya casi es hora, ponte el suéter, agarra tus cosas, lávate la cara, péinate…”; pero al final, a pesar de las prisas, casi siempre logramos salir intactos de la batalla matutina.

Pero solo es cuestión de algunas horas para volver a enfrentarnos a otra batalla, aquella que tiene lugar al llegar a la casa. Pero gracias a nuestra experiencia de sargento, logramos de manera automática, seguir dando órdenes a estos pequeños soldados: “quítate tu uniforme y lávate las manos para comer, termina tu comida, levanta tus platos, te he dicho que la mochila no se deja tirada, descansa un rato antes de irnos a tus clases de la tarde, ya prepárate para irnos, lávate los dientes, se hace tarde muévete rápido…”. Y nuevamente lo logramos, nuestros pequeños soldados cada vez están más entrenados en el seguimiento de órdenes, aunque se lleguen a revelar de vez en cuando, logramos mantenerlos al píe del cañón.

La noche es un tanto parecida, nuestra voz de sargento, un poco ya cansada y apagada, sigue manteniendo el ritmo de las órdenes: “rápido a terminar la tarea y preparar tus cosas para mañana, ya métete a bañar, ¿por qué no me dijiste de este material? Siempre lo mismo, ponte la pijama, termina de cenar, lávate los dientes, ya apaga esa televisión porque es hora de dormir, ya deja de jugar, tienes que dormir…”.

Esta misma historia se repite todos los días dentro de nuestro batallón, nosotros los “sargentos” dando órdenes a nuestros pequeños soldados, y en ocasiones, los mayores son promovidos a tenientes y nos ayudan con este entrenamiento de seguimiento de órdenes con los más pequeños.

¿Te ha sucedido algo parecido? Tal vez el relato es un poco extremista y en realidad no pasamos nuestro día ordenando, pero te aseguro que la cantidad de órdenes que damos a nuestros hijos es grande, sólo que no nos damos cuenta de ello porque tenemos automatizado nuestro papel de ser el que “da órdenes” porque somos los que tenemos que dirigir.

Ahora, no es que esté mal dar órdenes, a lo que quiero llegar es que se nos va la vida interpretando este papel de “sargento”. ¿Te has puesto a analizar qué es lo que te gustaría que tus hijos aprendieran? ¿Qué herramientas te gustarían que adquirieran para poder sobrevivir en su futuro? Me gustaría asumir que todos los padres queremos que nuestros hijos sean hábiles en solución de problemas, que puedan enfrentar los retos de una manera creativa y equilibrada emocionalmente, que puedan ser cooperativos y empáticos y la mayoría de las personas concuerdan que esto se aprende con el ejemplo, siendo el hogar el primer lugar en donde podrán adquirir estas habilidades.

Pongamos todo en una balanza

Y ahora viene el análisis: ¿En qué dedico la mayor parte del tiempo que tengo con mis hijos, en dar orden tras orden o en enseñar habilidades para la vida? ¿realmente me tomo el tiempo necesario para enseñar responsabilidad, empatía, cooperación? ¿o simplemente me dejo llevar por las rutinas y la falta de tiempo? ¿Te ha pasado que sólo esperas que llegue la noche para poder recargar las pilas?

El objetivo de un campo de batalla es que nuestros soldados ya entrenados, puedan “sobrevivir”. Al igual que en estos campos de batalla, en nuestra vida real también sólo esperamos poder salir intactos y “sobrevivir” día a día a estas rutinas que nos hacen correr de un lado a otro, tratando de esquivar las “bombas” que nos pueden hacer explotar y perder el control.

Pero ¡ALTO!, no estamos en un campo de batalla, nuestro objetivo no se debe de resumir al “sobrevivir día a día”. En lugar de sobrevivir, debemos PROSPERAR.

Si la mayor parte del tiempo la dedicamos a dar órdenes desde nuestro papel de “sargento”, discutiendo sin tener una comunicación eficaz, entonces sólo estamos SOBREVIVIENDO y nuestros hijos adoptarán conductas de supervivencia, lo que nosotros conocemos como “mala conducta”, y esto se da porque ante las órdenes, el cerebro de nuestros hijos asume un “peligro” y se activan sus mecanismos de defensa, como el huir o atacar.

Pero si nosotros logramos darnos un tiempo para escucharlos, para establecer acuerdos, para juntos encontrar soluciones que permitan a ambos no vivir de “prisa” en las rutinas del día a día, y en lugar de eso, comunicarnos de manera respetuosa, con paciencia y empatía, entonces lograremos PROSPERAR. Pero para esto debemos de quitarnos nuestro uniforme de mandatario y manejar el poder de una manera horizontal, donde todos podamos ser partícipes de la toma de decisiones. Claro, esto generará conflictos, pero son estos los momentos de aprendizaje, lo que nos llevará a lo que todo padre quiere para sus hijos: aprendizaje de las habilidades para la resolución de conflictos.

¿Y cómo podemos prosperar?

Es difícil no estar atrapado dentro de las rutinas, la falta de tiempo nos genera caos y perdemos el control y lo más fácil es asumir el papel de sargento y empezar a dar órdenes para poder hacer las cosas en su tiempo y así cumplir con las exigencias del día.

Podemos empezar nosotros con delegar actividades a nuestros hijos, es algo difícil porque a nosotros nos gusta el control y la perfección, pero de esta manera nuestros hijos aprenderán a ser responsables. Podemos tomarnos el tiempo de entrenarlos para que ellos solos preparen sus lonches, desayunos, despertarse por las mañanas y hacer lo que deben de hacer sin que nosotros estemos encima de ellos; te aseguro que ellos empezarán poco a poco a sentirse capaces, a sentirse autosuficientes y aprenderán a ser responsables. Y si no lo lograran, podemos sentarnos con ellos a buscar una solución: “¿qué necesitas hacer para que logres estar a tiempo para ir a la escuela? Hagamos juntos una lista con ideas y escoge una que sea adecuada para ti y para mí”.

Debemos dejarlos asumir responsabilidades y no tener miedo q que se equivoquen, porque cometerán muchos errores; pero si nosotros los enseñamos a analizar esos errores sin caer en las típicas frases de coronel (“Te lo dije, nunca haces nada bien, ¿por qué no aprendes?”), si nos sentamos con ellos para comunicarnos y preguntarles “¿por qué crees que no hemos podido cumplir con lo que acordamos? ¿qué crees que es lo que podemos cambiar?”, nuestros hijos se sentirán motivados a solucionar y volver a intentar.

Rompiendo filas

En definitiva, es algo difícil pero no imposible el dejar de absorbernos por las prisas. De lo que se trata es de que en la medida que podamos, busquemos siempre una conexión con nuestros hijos.

Te invito a que todas las noches te tomes un tiempo para analizar tus acciones hacia con ellos y trata diariamente de contestar lo siguiente “¿Lo que hice hoy ayudó a mis hijos a PROGRESAR o sólo nos enfocamos en SOBREVIVIR a este día?”. Si tu respuesta es que sólo lograste sobrevivir, no lo tomes de manera negativa, esto te traerá aprendizaje y tendrás la oportunidad de buscar soluciones que permitan que el día siguiente puedan todos juntos PROGRESAR.

septiembre 7, 2021

Dennis Charles

Mamá. Licenciada en psicología, asesora de porteo y facilitadora de disciplina positiva.

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